Método de fusión
Llevo más de cinco décadas vinculado con la interpretación en teatro, cine y televisión; he estudiado con diversos maestros y métodos a lo largo de estos años; he conocido en directo, compartiendo escenario, a grandes actores y actrices que provenían de supuestas escuelas muy diferenciadas o del aprendizaje meritorial; llevo decenios publicando libros sobre el asunto de todas las escuelas, antiguas o modernas; acudo a congresos, encuentros y conferencias para intentar ponerme al día; me acerco a nuevos egresados de escuelas superiores de diferentes puntos de la Tierra que han recibido nociones de diversas maneras de afrontar el mismo oficio, veo actuar durante años, cada día, a centenares de intérpretes que se reclaman de su supuesta escuela o tendencia interpretativa. Y aseguro que nadie puede jurar ante los dioses, las musas o los terapeutas que viene de una escuela pura, única, aunque digan que es la verdadera, sin poder ser acusado de perjurio. Recuerdo a una gran actriz catalana, Conchita Bardem, emparentada con la saga, que su escuela había sido el hacer teatro desde su más tierna infancia, ver, escuchar, aprender en cada instante y eso lo acumulaba de tal manera que era la más fina estilista de la actuación naturalista. La mujer de Bertold Brecht, confesó en sus memorias que cuando hacía “Madre Coraje”, y veía que el auditorio decaía en atención, abandonaba las consignas metodológicas de su marido, ese tan pretendido distanciamiento, y atacaba a los sentimientos y las emociones de los espectadores de manera feroz. De los escritos teóricos y de la práctica que los sustentaban de Konstantín Stanislavski han salido muchos métodos y secuelas, algunos llevados a la exageración, otros cogiendo el rábano por las hojas, pero ninguna persona puede buscar en una farmacia o librería un extracto de ello, condensarlo en un decálogo, licuarlo, beberlo, asumirlo y sin tener algo de talento previo convertirse en un gran actor. Por lo tanto, lo seguro es asirse a un método híbrido, impuro, mestizo, contaminado que metabolizado por cada intérprete se convierte en una herramienta útil. Pero crecen las escuelas, talleres, cursos que se anuncian como las que enseñan tal o cual método, de los puros, y habría que señalarlos por si son una estafa, una farsa o una manera de perder el tiempo.

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