EL MENÚ DE LA NOCHEBUENA EN UN PARÍS 365 AL LÍMITE
LOS FUEGOS SE APAGARÁN AL POCO DE PASAR LAS FIESTAS. ESO YA NO TIENE REMEDIO. DANI FERNÁNDEZ, EL COCINERO DEL PARÍS 365, PREPARA UN MENÚ CON LANGOSTINOS. NO ES UN MATERIAL CON EL QUE TRABAJE DE CONTINUO. SON DÍAS RAROS. TRISTES. CON SUERTE, FERNÁNDEZ PODRÁ CONTINUAR COCINANDO EN UN LUGAR MÁS PEQUEñO.

El comedor social París 365 busca seguir vivo replegándose al local donde comenzó, en un bajo de la calle San Lorenzo. Para ello se ha puesto el reto de lograr 100.000 euros antes de febrero. La campaña mantiene el ritmo y les permite hoy soñar con salvar lo más importante.
Nochebuena y Navidad son días especiales. «Suele venir menos gente. Lo normal es que se den 60 comidas diarias, pero se puede bajar a 50 o a 45», comenta Álex Remírez, responsable de las cocinas. «Muchos de los usuarios del comedor tienen familia. Y, bueno, aunque tengan que venir aquí de ordinario, sí que tienen con quién comer durante estas fechas».
El apuro económico del París es tal que se ven obligados a cerrar la cocina industrial. «En la nave hay neveras y congeladores, que consumen mucha electricidad. No encaja con los gastos que habrá de tener a partir de ahora». Hasta ahora Dani y Joseba preparaban allí la comida y la cena y la trasladaban –gracias a la ayuda de los voluntarios– hasta el número 31 de la calle San Lorenzo. A partir de enero, se las tendrán que apañar en las cocinas del local, mucho más modestas.
El París se fue a esta nave de Mutiloa para convertirse en catering, pues quiso crear una escuela de cocina para formar a sus comensales y, así, darles la herramienta para escapar de la exclusión. Ya no puede con los gastos.
No es la cocina industrial lo único que echa el cierre. Dirán adiós también los txokos (ludoteca) que les demandaron las usuarias para dejar allí los hijos y poder salir a buscar trabajo. También el programa de vivienda. Patxi Lasa, presidente de la fundación Gizakia Herritar, explica que pelearán por que otras organizaciones puedan mantener vivas sus iniciativas y pone especial hincapié en el programa de vivienda. «Las personas que viven allí no se van a ir», remarca. En total, este adelgazamiento forzoso del proyecto afectará a 6,5 puestos de trabajo (salvo que se consiga que otra ONG asuma alguno de los programas con sus trabajadores). Sí se salvarán las tiendas de segunda mano, ya que salen rentables y, además, permiten hacer «vales de compra» para que las personas sin recursos acudan a ellas a hacerse con ropa.
Menús especiales
Corren tiempos duros. Pero hoy abren paréntesis. «En Nochebuena los entrantes van a ser langostinos y hojaldre relleno de vieiras y gambas. De segundo, cardo con almendras. Y el plato principal será una merluza a la koxkera. Luego tendremos turrones y esas cosas, como en todas las casas», explica Dani. El menú es muy diferente al de un día ordinario. Esta vez, no paga el París. La Liga de Fútbol Profesional ha decidido asumir el coste del menú de esta noche; el Tres Reyes tuvo un gesto similar la semana pasada.
«No te sabría decir qué diferencia de precio hay con un día normal. Nosotros estamos acostumbrados a trabajar con alimentos que nos donan. Aprovechamos lo que viene... nos traen mucha verdura. No es habitual que pueda hacer una compra completa», prosigue el cocinero.
Lo que suelen comprar en el mercado para los menús de diario son huevos «porque es muy inhabitual que eso lo done la gente», y algunas carnes. Principalmente pollo y partes del cordero baratas, con las que Dani y Joseba se marcan unos estupendos txilindrones. Eso sí, en el comedor funciona mejor el pescado de la carne. Muchos tienen «dietas blandas» o les cuesta digerir la carne. Además, los musulmanes tienen problemas con carnes que no sean halal.
Lo extraño del segundo plato de esta noche es que les llegue a todos los comensales el mismo tipo pescado. Lo normal es que se empiece sirviendo merluza, y se acabe repartiendo con doradas, lubinas o salmonetes. Esto es así porque se apañan con las de donaciones de la pescadería Hermanos Arlegui, que les lleva el producto que no vende.
Merece poner en valor la fidelidad de estos pescateros. Precisamente, la falta de constancia de las donaciones ha sido las que han dejado al comedor a los pies de los caballos, tras ir cayendo los ingresos todos los años. Otros que no fallan son los panaderos de Arrasate, que les entregan el pan recién horneado desde el primer día.
«Los que vienen al comedor son gente sin menores a cargo, con muy pocos ingresos o sin ninguno», comenta Myriam Gómez García, la trabajadora social que hace la selección. Para quienes tienen niños –«y cocina», recuerda Gómez– el París pone a disposición una despensa donde pueden llevarse los productos frescos a casa. No cambia con la Navidad. 240 niños se alimentan de ahí. Esa despensa ha sido la otra prioridad a salvar.
Los usuarios van cambiando. 60 es el tope para que coman «con dignidad» en el espacio. Hay temporadas que doblan la tanda. «El grueso de gente no cambia. Aunque si tardas dos meses en pasarte, en febrero o así, verás caras nuevas», explica Gómez. Ella está convencida de que el comedor se va a salvar.
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