Aritz INTXUSTA
IRUÑEA

Los Legionarios de Cristo constatan y amplían sus casos de pederastia

Los legionarios que siguen en la congregación que fundó el depredador sexual Marcial Maciel tratan de salir del pozo con un informe en el que radiografían los casos internos de pederastia, que pone números a una realidad que las estructuras de la Iglesia siguen ocultando.

El año 2019 arrancó con la confesión de El Vaticano de que tenía noticia de los abusos sexuales que realizó Marcial Maciel desde 1943 y que no le impidieron ser buen amigo de los papas Pío XII y Juan Pablo II.

La admisión de que las autoridades de la Iglesia católica manejaban estos datos pone en la picota al cardenal navarro Arcadio María Larraona, que habría descubierto esta conducta durante la investigación realizada entre los años 1953-1959. Larraona sigue teniendo calle en Iruñea.

Hace ya 12 años que murió Maciel, pero la orden que fundó sigue en pie. Para expiar y justificar su permanencia, los Legionarios de Cristo han realizado un informe en el que constatan que su fundador abusó al menos de 60 menores (niños y niñas).

Otros casos

Lo excepcional el trabajo publicado por los legionarios, sin embargo, no es esta constatación de los datos de Maciel, sino que parecen haberse abierto en banda y han incluido el resto de casos de pederastia que han descubierto.

Según este informe, habría otros 32 sacerdotes que, además de Maciel, habrían cometido abusos. Aun así, hay quien apunta que serían bastantes más, como el exsacerdote Alberto Athié en “La Jornada”. Athié fue una de las personas que denunció al cardenal Norberto Rivera por encubrimiento.

Independientemente del grado último de sinceridad que tenga este informe, supone un avance en el sentido de que permite discriminar la tipología y el grado del abuso y entender mejor cómo funcionaban estos religiosos.

Así, de un simple vistazo, se aprecia que uno de cada tres sacerdotes «cazados» era reincidente.

De otra parte, el fenómeno de los abusos sexuales parece tener una capacidad de reproducirse.

Así, los legionarios han tratado de analizar hasta qué punto los abusadores fueron, en su día, niños abusados. Eso como si, de algún modo, el convertirse en un depredador sexual fuera otra secuela perniciosa de un primer episodio.

Este dato, puesto en relación con los propios abusados de Maciel crea lo que el informe llama una cadena.

Seminaristas

Por otra parte, los legionarios reconocen que el hecho de que seminaristas hubieran cometido un abuso no fue impedimento para que acabaran siendo ordenados sacerdotes.

Sí que fue un filtro importante, pero uno de cada cinco abusadores lo logró pasar. Y esto a pesar de que en buena parte de casos de abusos (42,4%) el victimario era el superior de la víctima.

Evidentemente, todo el informe tiene un espíritu de descargo, de que «no ha sido para tanto». Una de las cifras más repetidas es que solo un 2,44% de todos sus sacerdotes ordenados han sido victimarios.

Y, sin embargo, todo hay que ponerlo en relación a la escala. Los Legionarios de Cristo son una fracción muy pequeña del catolicismo.

¿Cuánto supondría un 2,44% de todos los sacerdotes católicos? ¿Se atreverá la Iglesia a hacer una radiografía de sí misma tan cruda como la de esta Congregación?

 

La jerarquía extendió el silencio de los abusos

El exsacerdote Alberto Athié, una de las personas que denunció el encubrimiento del cardenal Norberto Rivera de los casos de pederastia, subraya el uso de la autoridad y la jerarquía para extender un manto de silencio. Según relata en “La Jornada”, la pederastia clerical «no tiene que ver solo con los abusadores sexuales directos, sino también con el encubrimiento institucional de la Santa Sede». «Sobre todo con el sometimiento del poder usando valores sacralizados, como el padre Maciel usaba la autoridad del papa Pío XII y los legionarios usaron la sacralidad del padre Maciel para decir que tenían que obedecerlo, porque esa era la orden que tenían del superior», afirma. De hecho, el informe reconoce que el hecho de que en muchos casos los victimarios se valieran de su puesto para cometer los abusos, «ha bloqueado las posibilidades de denunciar y sancionar este grave mal. El abuso sexual de menores en la congregación estuvo mezclado con el abuso de poder y de conciencia por parte de algunos que aprovecharon sus puestos para abusar». GARA