Koldo LANDALUZE
Entrevue

CUANDO LOS TRENES Y SOLDADOS DEL PASADO REGRESAN AL PRESENTE DIGITAL

Denis Shiryaev ha desarrollado una experiencia audiovisual en la que ha creado una versión 4K de aquellas películas pioneras de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Peter Jackson realizó una versión similar en su documental «Ellos no envejecerán».

Hubo un tiempo en que el cine no sabía hablar y parecía condenado a ser un efímero entretenimiento bajo las carpas de las ferias. Cuentan las crónicas que, el 28 de diciembre de 1895, los hermanos Auguste y Louis Lumière cambiaron radicalmente la concepción del entretenimiento audiovisual cuando proyectaron en el salón Indien Du Grand Café “La llegada de un tren a la estación”. En cuanto asomaron las primeras imágenes de aquel ferrocarril, muchos de los presentes huyeron en estampida ante el miedo que suponía sentirse arrollados por aquella máquina de vapor infernal que surgió de la nada. Al igual que esa pequeña pieza que certificaría el comienzo del cine, son muchas las breves piezas que fueron filmadas y que captaron ciudades y personas en blanco y negro, silentes y de movimientos apresurados. Gracias a la labor anónima de algunos cámaras, contamos con un puñado de secuencias que nos descubren el movimiento y fisonomía de las grandes ciudades de finales del siglo XIX. Asumido como un reto, el desarrollador ruso Denis Shiryaev ha emprendido la titánica labor de dotar de un nuevo sentido a estas grabaciones primitivas sirviéndose de los nuevos recursos tecnológicos.

UNA NUEVA VISIÓN DEL PASADO

En este singular viaje a través del tiempo, redescubrimos el paisaje de ciudades como París, Moscú y Nueva York a finales del XIX y comienzos del XX como si hubieran sido filmadas ayer. El primer viaje temporal iniciado por Shiryaev fue la ya mencionada película de los hermanos Lumière. Los cincuenta segundos del filme original son muy difusos, pero en manos del desarrollador se revela ahora como un vídeo en 4K y reproducido a 60 fps que otorga una nueva dimensión a esta secuencia costumbrista. Este ejercicio de hiperdefinición también incluye una opción de imagen coloreada elaborada por el propio Shirayev.

Para llevar a cabo este proyecto, el desarrollador se ha servido de dos herramientas; por un lado, Gigapixel AI, un algoritmo capaz de aprender qué información visual se ha perdido en el procesamiento de las imágenes para rellenarlos después, y DAIN, una aplicación desarrollada por ingenieros de Google capaz de multiplicar el ratio de frames a 60 fps. Todos los proyectos desarrolaldos se encuentran disponibles en el canal del propio autor. Vista la gran repercusión mediática que ha obtenido a tracvés de estos vídeos, el propio Shirayev ha emitido un comunicado a través de las redews sociales en el que recuerda que «este vídeo ha recibido recientemente mucha atención de los medios de comunicación –algo que me sorprende–. En algunos artículos me atribuyen el mérito de haber hecho algo único, pero en mi opinión esto es injusto. Cualquiera puede repetir este proceso con los algoritmos que actualmente se publican en Github; todos ellos están en la descripción del vídeo. El crédito debe ir a DIAN, Topaz AI, ESRGAN, Waifu2x, DeOldify, Anime 4K y otros desarrolladores que son parte de la comunidad mundial de Machine Learning y contribuyen a la humanidad haciendo estos algoritmos disponibles públicamente».

 

Cuando las máquinas aprenden

El aprendizaje automatizado –machine learning– pasa por ser el subcampo de las ciencias de la computación y una rama de la inteligencia artificial, cuyo objetivo es desarrollar técnicas que permitan que los ordenadores y para ello, los investigadores del aprendizaje de máquinas buscan algoritmos y heurísticas para convertir muestras de datos en programas de computadora, sin tener que escribir los últimos explícitamente. Los modelos o programas resultantes deben ser capaces de generalizar comportamientos e inferencias para un conjunto más amplio –potencialmente infinito– de datos.

En palabras del científico mexicano José Luis Espinoza, el machine learning «es un maestro del reconocimiento de patrones, y es capaz de convertir una muestra de datos en un programa informático capaz de extraer inferencias de nuevos conjuntos de datos para los que no ha sido entrenado previamente. La estadística es sin duda la base fundamental del aprendizaje automático, que básicamente consiste en una serie de algoritmos capaces de analizar grandes cantidades de datos para deducir cuál es el resultado más óptimo para un determinado problema».

Hoy en día la aplicación de la Inteligencia Artificial en el cine está a la orden del día y son numerosos los ejemplos que podríamos citar y que tanta polémica han generado. Desde películas en las que asistimos a la “resurrección” de actrices o actores –como el caso de Peter Cushing y Carrie Fisher– en la saga “Star Wars” o el rejuvenecimiento digital de Robert DeNiro, Al Pacino y Joe Pesci en la última película de Martin Scorsese,“The Irishman”. No obstante, y a la hora de buscar una comparativa mucho más cercana a la experiencia que ha desarrollado Denis Shiryaev, la más oportuna sería la miniserie documental que produjo Peter Jackson el pasado año y que llevaba por título “They Shall Not Grow Old” (“Ellos no envejecerán”).

 

LAS TRINCHERAS DE PETER JACKSON

Hace seis años, el director neozelandés Peter Jackson recopiló multitud de imágenes de archivo mudas en blanco y negro de la Primera Guerra Mundial y, tras un colosal trabajo de restauración, las transformó en un documental en color y en 3D para conmemorar el centenario del aquel conflicto bélico. Dicha producción lleva por título “They Shall Not Grow Old” –“Ellos no envejecerán”– y tuvo su estreno oficial en el Festival de cine de Londres de 2018. Dicha apuesta alterna imágenes de archivo restauradas, recreaciones triodimensionales y entrevistas a veteranos de guerra, todo ello respaldado por una banda sonora inédita que consistió en recuperar los diálogos silentes de los combatientes. Para poder llevarla a cabo, el autor de la trilogía “El Señor de los Anillos” recurrió a expertos en lectura labial para descifrar los diálogos de los soldados para insertarlos después en la película gracias al trabajo de actores de doblaje. El propio Jackson señaló que «cuando acabamos de restaurar este material, me quedé atónito. No imaginaba que se pudiese obtener este resultado».

El inicio de esta auténtica odisea fílmica comenzó hace seis años en la oficina de Diane Lees, la directora del organismo nacional de museos militares británicos, Imperial War Museums –IWM–. Conocedora del gran interés que despierta en Peter Jackson todo lo relacionado con la Primera Guerra Mundial –en la que combatió su abuelo–, Lees le propuso colaborar en las conmemoraciones del centenario del fin del conflicto que comenzó en 1914 y finalizó en 1918. En relación a esta primera toma de contacto, el cineasta reveló que «querían que utilizase sus imágenes de archivo pero de forma sorprendente. Me puse en contacto con expertos en restauración de todo el mundo para transformar más de 80 horas de viejas imágenes en una cinta en color y tres dimensiones. A todo ello hubo que sumar también las más de 600 horas de grabaciones de audio de excombatientes –realizadas por el IWM y la BBC– para utilizarlas como voz en off».

El resultado final ofrece una visión sin precedentes de la Primera Guerra Mundial, que muestra con todo lujo de detalles la vida en los campos de batalla, en las trincheras, restituyendo el sonido de la artillería, y hasta el de los piojos que estallan en contacto con la ropa quemada. Según Jackson «quise hacer la mejor y más respetuosa aproximación posible al horror que se vivió en aquellas trincheras enfangadas y repletas de cadáveres. No creo que nadie pueda dar una visión exacta de semejante escenario pero quise ir más allá e intenté reflexionar sobre los daños sicológicos, físicos y espirituales que ocasionó el conflicto... las graves secuelas que dejó tras de sí en una generación mermada por la multitud de víctimas que se cobró».

«En 1914 el mundo no era en blanco y negro. No estaba en silencio. No esperaba envejecer», estas palabras prologaron este documental que pretende acercar al público de la forma más realista posible a la terrible realidad de una contienda cuya cifra de víctimas oscila entre los 20 y 30 millones.