Coartadas para el saqueo de un pueblo

La mayor parte de las fotografías de Edward Said muestran a un hombre de impecable apariencia, devoto de las americanas de tweed y los pañuelos de seda. Los fondos suelen pertenecer al campus de la Universidad de Columbia, donde daba clase de literatura comparada, o a elegantes apartamentos neoyorkinos.
Sin embargo, una de las últimas instantáneas que le retratan fue capturada en la frontera del Líbano con Israel cuando este árabe cristiano, de edad avanzada y enfermo de cáncer, lanzaba piedras a un puesto militar israelí. ¿Qué sucedió entremedio? A Edward Said, virtuoso del piano, le dio tiempo de fundar junto a su amigo Daniel Baremboim una orquesta de jóvenes talentos palestinos e israelíes, a erigirse como un referente alternativo en las negociaciones de paz con Israel por su rechazo a los Acuerdos de Oslo rubricados por Arafat y a escribir un ensayo, este “Orientalismo”, paradigmático del fenómeno colonial y de permanente actualidad en Palestina.
En él se cuenta cómo las potencias ocupantes necesitaron articular un discurso en el que los árabes y por extensión todo el Islam quedaban reducidos a algo exótico, colectivo, en cualquier caso ecos lejanos de un pasado esplendoroso sumergido en el olvido y necesitado de auxilio. Por supuesto, esa ayuda llegaba de la mano de lejanas metrópolis y de un inmenso arsenal, no solo militar, que incluía literatos, pintores, antropólogos, arqueólogos y filólogos. Todos unidos en un esfuerzo disperso en la forma pero claro en el fondo: justificar desde argumentos muy dispares la rapiña y el despojo al que fueron sometidos estos pueblos.

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