No son elfos y ayudan a preservar el trabajo artesanal

La recomendación va expresamente para mayores y menores, gracias a que “Elfkinak” (2020) es una película con un mensaje de interés general, y que nos toca a la mayoría en la situación actual. Conecta con el apoyo al pequeño comercio, en la medida en que rompe una lanza en favor de los oficios artesanales que a pesar de los pesares siguen transmitiéndose de generación en generación. La experimentada animadora alemana Ute Von Münchow-Pohl y su estrecho colaborador como guionista Jan Strathmann han desarrollado una mitología alrededor de unos duendecillos, una especie de gnomos que no quieren ser confundidos con los elfos, y cuya función es la de ayudar en secreto a los artesanos y las artesanas a acabar sus laboriosos trabajos manuales, sin recurrir a máquinas u otros medios industriales. Por una antigua maldición se han visto obligados a vivir bajo tierra, pero doscientos años después vuelven a la superficie gracias a la iniciativa y ganas de aventura de una elfkina llamada Helvi.
La protagonista es una antiheroina muy conectada con las tendencias ficcionales de la animación actual, y con la que las niñas no tendrán ningún problema para sentirse identificadas. Las cosas las consigue a base de tesón y arrojo, y no porque posea habilidades especiales. De hecho, sus adultos le echan en cara el que no tenga ningún oficio, así que buscará a un chef pastelero humano para que le enseñe a cocinar.
Llegados a este punto, la película se las ingenia para hacer una crítica de la cocina o la repostería como profesiones de moda, a las que se acercan niños y niñas sin verdadera vocación, pensando que es algo fácil y que les dará fama para salir en los medios de comunicación. A Helvi y sus amigos les toca aprender que se trata de un arte que exige mucha dedicación y esfuerzo, dentro del cual no existen logros individuales sin contar con los demás, por lo que el trabajo en equipo resulta vital.

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