A. I.
IRUÑEA

Representaciones de animales y cuatro vulvas aparecen en Alkerdi 2

La puesta de largo de los nuevos hallazgos en la cueva de Alkerdi 2, en Urdazubi, no llegará hasta este sábado, con motivo de las Jornadas Europeas sobre el patrimonio. El Gobierno navarro adelantó ayer que han sido encontradas representaciones de animales prehistóricos como uros, bisontes o caballos grabadas en las paredes de la cueva hace unos 25.000 años. De los nuevos hallazgos destacan cuatro representaciones del órgano sexual femenino.

El Gobierno navarro adjetiva como «insólito» el descubrimiento de nuevos grabados en la cueva de Alkerdi 2. Además de los animales que comúnmente se asocian al arte rupestre, han aparecido cuatro vulvas. La noticia resulta bastante llamativa, pero quizá el apelativo de insólito mueva a confusión. Esta temática aparece de forma relativamente común. Si el hallazgo resulta insólito, será a causa de algunas peculiaridades del trazo y no por representar vulvas.

No es la primera vez que aparecen representaciones de vaginas en cuevas rupestres. Obviamente, no se puede saber qué movió al autor o autora a grabarlas en la pared. Puede ser una mistificación del órgano como creador de vida o, por qué no, tener connotación erótica. De lo que desde luego se carecía en el paleolítico es de la concepción del sexo que imprime el cristianismo.

Existen pinturas y grabados de órganos y prácticas sexuales de muy distinto tipo en el arte rupestre. Hay representaciones de masturbaciones y ejemplos de sexo oral, como en la cueva de La Marche, en el Estado francés, donde entre varias escenas de coitos se ve a dos mujeres realizar un cunnilingus.

Entendida ya como relativamente normal la aparición de vulvas en grabados prehistóricos (ha sido, justamente, la existencia de otros ejemplos similares lo que ha permitido la identificación del elemento a representar), lo que ha llamado la atención de los investigadores en el nuevo hallazgo es cierta torpeza por parte del autor. «El estudio tecnológico de los surcos grabados demuestra que la persona que los realizó carecía de la destreza propia de los artistas, en este sentido, parece un aprendiz o inexperto porque no es capaz de crear trazos continuos y seguros», destaca Olivia Rivero, de la Universidad de Salamanca.

Este detalle menos chocante en un primer momento tiene grandes implicaciones en las futuras investigaciones e interpretación del arte rupestre ya que «generalmente, las paredes parecían reservadas a aquellas personas con una maestría artística como si el acceso a las mismas estuviera restringido, pero esta nueva galería nos ha descolocado totalmente», indica Diego Garate, especialista de la Universidad de Cantabria.

En total, las nuevas manifestaciones rupestres son una docena (incluidas las cuatro vulvas) así como cinco series de dobles líneas trazadas con pintura de color rojo.

Las figuras localizadas responden a unas convenciones gráficas propias del periodo Gravetiense (entre 28.000 y 20.000 años) y del área continental de Europa. Es decir, se diferencia del arte peninsular de la época donde los ejemplos similares son muy escasos.

Los nuevos hallazgos se unen a las pinturas negras y rojas y grabados localizados en 2016 en el mismo proyecto y que supuso el descubrimiento de Alkerdi 2 como la segunda cueva decorada del Paleolítico conocida en la Comunidad Foral de Navarra.

La historia de las cuevas de Alkerdi y Berroberria como yacimientos arqueológicos arranca en 1930 cuando N. Casteret descubre los primeros grabados paleolíticos en Nafarroa.