Raimundo Fitero
DE REOJO

Comedietas

Al frente de una legión de desharrapados de inteligencia funcional, en el horizonte se escribe en vacilante letra gótica una sensación de abandono de las vías que conducen a la estabilidad. Todo está fundamentado en las neurosis, abandonando el campo de las neuronas. ¿No será mejor dejarse de pamplinas y abdicar de cualquier explicación racional? La incitación para escapar de esta agobiante irrealidad convertida en material de combustión social y política aumenta conforme los ángeles caídos del neoliberalismo se van dejando sus libretas de citas en las mesas de sus terapeutas. En alguna nube está escrita nuestra reciente historia, aunque con excesivas faltas de ortografía.

Una manera de entender algunas manifestaciones de la caverna mediática que marca el paso de las huestes de la extrema derecha española bicéfala es auscultar los medidores de audiencias televisivas. Parece que hay una crisis en el paradigma de la autoficción audiovisual, “Sálvame”, y es que en ese espejo se han mirado todos estos personajes execrables que forman las dosis insufribles de presencia mediática. Ayuso, Casado, Abascal, Almeida tienen entrenadores personales provenientes de esos fondos de miserias comunicacionales. Suplantan con sus mentiras las mentiras de la entrepierna de esas tardes alocadas de una televisión autorreferencial. Su nivel de interpretación es de la misma esfera de comedietas costumbristas que van de lo inverosímil a lo absurdo castizo.

Solamente les supera en estulticia un primer ministro inglés que confiesa que nadie le había advertido que montarse una juerga en plena pandemia en el jardín de su residencia oficial estaba fuera de las reglas que él mismo firmaba de puño y letra. Johnson es un perfecto idiota y debería ser expulsado por ser tan irrespetuoso con Shakespeare.