Raimundo Fitero
DE REOJO

Ayuda

En EE. UU. hay una crisis por falta de leche en polvo en los supermercados. En Corea del Norte una crisis sanitaria por la covid-19, aunque se utilizan algunos subterfugios lingüísticos para calificar la situación. El sepelio de una periodista de origen palestino asesinada por Israel se convierte en una muestra de la ausencia de consideración con los muertos, ya que las cargas de los agentes y la violencia desplegada convirtieron un acto de respeto en una profanación imperialista agresiva. Fuentes gubernamentales aseguran que en las primeras veinticuatro horas de poner en marcha el teléfono contra el suicidio se recibieron más de mil llamadas.

Por todas estas circunstancias y seiscientas ochenta y tres más, necesito ayuda urgente. Cuesta soportar en el tiempo atender a estas realidades o invenciones dosificadas en los noticiarios de manera ilimitada sin protección solar, por lo que se requiere hacer una prolija aventura interior, más allá, de la cura de humildad y las dosis de autocomplacencia en diferido que se administran de manera indirecta por las euforias eurovisivas prematuras o los consejos de ministros extraordinarios para neutralizar los ardores de estómago por tragarse los Pegasus sin aliñar y las encuestas sobre las elecciones en Andalucía.

Antes de este teléfono oficial y universal, existían en muchas ciudades voluntarios al otro lado de la línea de nueve dígitos atendiendo a quienes estaban en fase finalista. Una labor importante, silenciosa, silenciada. Ahora, lo importante es que hay un número de tres dígitos y, se supone, atención profesional, no voluntaria. Anunciar esas exageradas cifras de llamadas es contraproducente. Mejor mantener la prudencia y evitar algunos de los motivos que a tantas personas les impulsa a ese punto de no retorno. Se necesita ayuda, no publicidad.