Koldo LANDALUZE
dONOSTIA

30 años de «Sin perdón», tan solo quedan fantasmas

“Sin perdón” simboliza el gran colofón del western, un género que Clint Eastwood recapituló en una obra maestra con la que homenajeó a sus maestros Sergio Leone y Don Siegel. A través de una crónica crepuscular, seguimos la última andanza de un otrora temido forajido encarnado por el propio Eastwood. El reparto incluyó nombres tan ilustres como Gene Hackman, Morgan Freeman y Richard Harris.

Clint Eastwood guardó el guion en un cajón hasta tener la edad apropiada para dar mayor verosimilitud a William Munny.
Clint Eastwood guardó el guion en un cajón hasta tener la edad apropiada para dar mayor verosimilitud a William Munny. (GARA)

El origen de “Sin perdón” lo encontramos a mediados de los 70, cuando un por entonces apenas conocido guionista llamado David Webb Peoples escribió la última aventura de un otrora temido pistolero llamado William Munny, influenciado por la película “Taxi Driver” de Scorsese y por el western de Don Siegel “El último pistolero”, protagonizado por John Wayne.

Aquel guion emprendió la ruta de los despachos, sabemos que estuvo sobre la mesa de Coppola y que el director de “El padrino” tuvo en mente para el rol protagonista a Gene Hackman. La idea nunca se plasmó y el libreto de David Webb Peoples prolongó su incierto camino.

Diez años más tarde, Peoples ya era un escritor cotizado en la industria gracias a su guion para “Blade Runner” pero aquel texto que escribió bajo el título de “Sin perdón” parecía seguir la ruta espectral de William Munny.

No obstante, en el año 83,

y después de finalizar una nueva entrega de Harry Callahan en “Impacto súbito”, Clint Eastwood topó con el guion por recomendación de Sonia Chernus, una guionista que había trabajado con él en el western “El fueras de la ley”.

A la espera

Eastwood quedó encantado con la historia de Peoples y tras adquirirlo, su primera opción fue, al contrario de lo que ocurre habitualmente, guardarlo en un cajón y esperar a que su edad fuera la apropiada para dar mayor verosimilitud al otoñal William Munny.

En esta espera, enriqueció su filmografía con su excelente versión del clásico “Raíces profundas” titulada “El jinete pálido”, un filme que servía además para que Eastwood enriqueciera aún más su visión espectral en torno a un género en el que tan solo habitaban los fantasmas de un tiempo pasado que fue cimentado por la lírica de John Ford y dinamitado por la rabiosa poética de Sam Peckinpah.

Recapitulación

“Sin perdón” le permitió recapitular los western que había interpretado y dirigido con anterioridad, encarnado un pistolero que, en su tramo final, conecta con los que encarnó en películas como “Infierno de cobardes” y “El jinete pálido”. En la tramoya del filme también encontramos un mensaje en torno al uso de la violencia, el cual lo resumió Eastwood cuando explicó que «nuestra sociedad ha llegado a ser increíblemente permisiva con el comportamiento violento; nuestros padres nunca hubieran tolerado lo que nosotros toleramos. Aceptamos la violencia, al menos mientras no nos afecte. ¡La vida no es nunca idílica, excepto en las producciones de Disney!».

La violencia, la culpa y el remordimiento se dan cita en un western cuya trama es bastante simple pero que tiene su verdadera fuerza en el perfecto diseño de su rico muestrario de personajes. Uno de ellos fue el sheriff “Little” Bill Dagget que encarnó Gene Hackman.

Eastwood recordó lo duro que fue contratar al actor para el proyecto. «Le envié el guion a Gene Hackman, a quien conocía desde hace muchos años, pero nunca habíamos trabajado juntos. Estaba de mal humor y me dijo: ‘No quiero hacer más películas violentas. Estoy cansado de eso’. Yo le respondí, “Sé lo que quieres decir, pero léelo de nuevo porque creo que podemos hacer una gran declaración contra la violencia si lo hacemos bien”.

Lo volvió a leer y me dijo: “Sí, está bien, haré esto”». Finalmente, el papel le valió un Óscar a mejor actor de reparto.