De ratas y búfalos
El cerebro de los seres humanos pesa, de media, kilo y medio y alberga ochenta y seis mil millones de neuronas. Cada una de ellas tiene una función específica que se coordina con otras de su grupo y van creando una red que es la que hace que funcionemos en lo tangible y lo invisible. La neurociencia está avanzando a una velocidad que pone los principios generales de punta. Como dice un investigador, ahora mismo los debates son más éticos, que técnicos. Por lo que se sabe podrían hacer (o estar haciendo) muchas cosas que ni nos imaginamos.
Por ejemplo, un equipo de investigadores comandados por el rumano Sergiu Pasca ha inyectado neuronas a ratas con dos o tres días de vida y se ha comprobado que una vez ese tejido cerebral se ha integrado, parece que influye en su comportamiento. No parece que genere conciencia en los animales, pero están bordeando todos los principios de bioética ya que se pregunta cuál es el estatus moral de estos roedores con neuronas humanas. Todo estos asuntos comunicados oficialmente y corroborados por avales científicos reconocibles se hacen, según informan y subrayan, para tener mejores herramientas para poder atajar algunos problemas siquiátricos.
Se abren todas las expectativas. Se entra en un cúmulo de posibilidades que dan pavor. De las ratas a otros mamíferos, a un paso del mono y de ahí al infinito. Aunque una noticia nos coloca en el terreno más poético, ya que un búfalo ha matado al presidente de la sociedad de caza de Argentina que intentaba tener su testuz de trofeo. ¿Dónde estaban las neuronas más activas?

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