Hipercolesterolemia informativa
Es difícil entender de manera cabal y que ayude a elegir el desayuno más saludable lo del colesterol bueno y malo; por eso es casi igual de nefasta la mentira piadosa que la dolosa, y en el territorio de la información actual, en sus procesos y en sus añadidos, todo acaba siendo una clara hipercolesterolemia de difícil solución o al menos no se vislumbran soluciones para reducir sus efectos en las arterias sociales y políticas. Mi dieta más radical es la de consumir solamente titulares fuera de la política o el deporte, pero cuando uno se encuentra con algo tan rotundo como que una investigación asegura que el sexo oral es la mayor causa del aumento del cáncer de garganta, se necesita hacer gimnasia, yoga y ejercicios espirituales o sexuales de contrición para enfilar la jornada.
Si se sigue de manera colateral y por succión a una parte de la legión de medios de contaminación adscritos a la extrema derecha española bicéfala, se encontrará con dosis elevadísimas de sal extra para hacer ver que el convidado de cartón piedra en el sainete madrileño tiene vida más allá de su monumental ignorancia, de azúcares para remendar el moño de Ayuso y de toda suerte de aditamentos y colorantes para intentar convertir ese golpe de togas ya existente en una actividad creativa y no conspirativa. En el apartado de ciencia con dosis de mucha ficción nos advierten de que existe ya un programa que puede ayudar a leer la mente y saber lo que se piensa, asunto delicado por el miedo que provoca pensar en estas herramientas en manos de gobiernos ultras, aunque sea algo que en ciertas parejas parece lo más normal.

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