A mano
Suelo sacar fotocopias ampliadas de buenos crucigramas para facilitar las cosas a mi aita, que a sus 93 años no tiene la vista muy fina. A veces salimos a pasear y a disfrutar de este solecito de invierno, y en cualquier bar aprovechamos para resolver mano a mano uno o dos crucigramas; una vez completados hemos adquirido el hábito de escribir en el blanco reverso del DIN-A4. Y es que mi aita traza unas hermosas letras de caligrafía perfecta que aprendió de crío, y que yo por más que lo intento no puedo reproducir.
Ya casi nadie escribe a mano, la digitalización de la educación y de la vida diaria se está llevando por delante la escritura manual, por mucho que tantos expertos cuestionen esta exclusión y esté más que demostrado lo mucho que afecta a nuestra capacidad de memorizar contenidos o, lo que es más grave, a la comprensión lectora y a la capacidad de filtrar y cuestionar lo que se oye, mucho mayor cuando se escribe a mano.
Además del placer de trazar bolígrafo en ristre garabatos sobre un papel, signos que son palabras, aliento vital que surge del cuerpo.
Y si escribir a mano se halla en vías de extinción, no menos lo está leer en voz alta, a alguien o a uno mismo, desvelar lo que las palabras tienen de música.

«Xeberri eta biok hiru kantaldi egun berean egitera iritsi ginen»

Israel exhibe su impunidad en los escombros de la Unrwa en Jerusalén

Piden cuentas por la contratación pública de dos directivos de Solaria

El PNV cesa a tres ediles de Getxo imputados por el derribo del palacete
