Amaia U. LASAGABASTER
BILBO

El Barcelona pasa las dos últimas pantallas para completar el juego

El Barcelona reivindica su condición de mejor equipo del mundo conquistando su tercer título de Champions League en un San Mamés abarrotado. Lo consigue superando dos de los pocos escollos que se le resistían: se impuso al Olympique de Lyon, ganador en las dos finales que les habían enfrentado previamente, y celebra el póker de títulos por primera vez en su historia.

Aitana Bonmatí fue elegida la mejor jugadora de la final. La otra goleadora, la capiana Alexia Putellas, levanta la Copa rodeada de sus compañeas.
Aitana Bonmatí fue elegida la mejor jugadora de la final. La otra goleadora, la capiana Alexia Putellas, levanta la Copa rodeada de sus compañeas. (Thomas COEX - Pierre-Philippe. MARCOU | AFP)

El Barcelona zanja la discusión y se confirma el mejor equipo del mundo. No había excesivas dudas aunque, como advertía Vicky Losada con una sonrisa en las horas previas a la final, el Olympique es «como el Real Madrid en la Champions masculina, no importa cómo le vaya la temporada que en Europa está ahí y casi siempre gana». Pero no pudo esta vez ante el poderío de un rival mayúsculo, que sufrió como se preveía y tuvo de su lado la suerte en el remate de Aitana Bonmatí que le permitió encarrilar el choque pero que ganó con justicia para pasarse las dos pantallas que le quedaban: el Barcelona supera por primera vez al campeonísimo francés, ante el que había caído claramente en las dos finales que les habían enfrentado anteriormente, y celebra el primer póker de su historia, tras haberse embolsado Liga, Copa y Supercopa antes de esta Champions League, la tercera -segunda consecutiva- que conquista.

Le queda un largo camino para arrebatar también el honor de ser el mejor equipo de la historia al Olympique pero es inevitable confiar en que se acercará. Y es que el Barcelona lo tiene todo. Calidad individual como ningún otro, físico, ambición, conocimiento táctico y una perseverancia que se le echaba en falta hace un lustro pero en la que se ha afanado para convertirse en una máquina prácticamente imposible de batir.

Le hizo falta en San Mamés, donde se sintió como en casa -más de tres cuartas partes del campo eran suyas- pero sobre el césped jugó con el mismo número de futbolistas que su rival. Ambos protagonizaron un auténtico choque de trenes en el primer tiempo.

Las francesas quisieron empezar marcando territorio. Suyos fueron el primer balón, el primer remate y el primer recadito. Se lo dejó a Irene Paredes Dumornay, que tuvo muy ocupada a la legazpiarra y al resto de su equipo.

Tampoco es que el Barcelona tardara demasiado en calentarse. A los cinco minutos llegaba el primer centro de Graham Hansen, que para culminar su espectacular curso, se convirtió en el faro del equipo durante la primera parte junto a Aitana. Solo ellas tiraron de magia y habría bastado casi contra cualquier rival pero no contra un Olympique concentradísimo que sacó los pocos centros laterales que pudo meter su rival, al que también tapó los huecos por dentro.

Al Olympique también le costó jugar pero cuando llegó a las inmediaciones del área hizo más daño que su rival, tanto en jugada como a balón parado. Dos de ellos envió al palo antes de los veinte minutos el equipo francés, que después probó con un remate de Van de Donk y un chut de Diani desde la frontal.

A la media hora Patri Guijarro provocó el error de Horan en el área y el balón lo acabó despejando Bacha sobre la línea. Conforme se acercó el descanso, el Barcelona fue desperezándose, obra y gracia de Graham Hansen, ante un rival al que ahora le costó más vallar los accesos a su portería. En el 45 la noruega lo hizo todo para plantarse en el área y rematar cruzado un balón que se marchó fuera por poquísimo. Y un segundo después enviaba un balón para el remate a bocajarro de Mariona que Gilles sacaba como podía.

VUELTA A EMPEZAR

Acababa boqueando el primer tiempo el Olympique pero recuperaba el resuello en el descanso para que la segunda parte empezara igualada en el juego y de nuevo con más sensación de peligro por su parte, sobre todo a balón parado. Dumornay probó con un disparo a la media vuelta y Gilles con un cabezazo pero el balón seguía sin entrar.

Lo hizo recién cumplida la hora de juego. Apenas había generado peligro por la izquierda el Barcelona, con Rolfo y Paralluelo faltas de brillo -fueron las primeras sustituidas- pero por allí vino el gol, con un pase filtrado de Mariona para Aitana, que entraba en el área y, casi sin ángulo remataba a puerta. El balón tocaba lo justo en Cascarino para hacérselo inalcanzable a Endler y convertirse en el 1-0.

Bompastor movió piezas, poquitas, pero fueron más el coraje y la rabia los que empujaron al Olympique en busca de un empate que no llegó. El Barcelona contenía a su rival con más arte a veces y con algún apuro otras y buscaba la sentencia a la contra.

Llegó con el descuento a punto de consumirse y supuso el final feliz con el que soñaban todos los barcelonistas. Porque el tanto lo marcó su capitana, Alexia, que apenas llevaba cuatro minutos en el campo -como su asistente, Claudia Pina- y en la misma semana en la que firmaba su renovación tras meses de altibajos en las negociaciones.