El CES alerta de la baja tasa de actividad derivada de la «tensión» demográfica
El informe socioeconómico del CES correspondiente a 2023 valora positivamente el crecimiento del 1,8% en la CAV, logrado en un escenario de «incertidumbre» por las tensiones geopolíticas. Aún así, vuelve a mostrar preocupación por la demografía y su derivada baja tasa de actividad. La vivienda y la dependencia energética también inquietan.

«Ha sido un año muy positivo que ha sido capaz de superar los déficits y las barreras que generó en su día la pandemia y que ha sabido internalizar los fenómenos de la geopolítica. Pero al mismo tiempo ha sido un año que sigue arrojando incertidumbres debido a la demografía y al contexto global que nos obliga a un reposicionamiento continuo». Así resumió el presidente de la Comisión de la Memoria Socioeconómica del CES de la CAV, Jon Barrutia, el informe correspondiente al año 2023. En general, los datos son positivos, más aún si se comparan con los del Estado español o los del resto de Europa. Pero existen algunas preocupaciones que se van agravando año tras año.
Respecto a la economía, el Consejo constata que, a pesar del escenario inflacionista y de «alta incertidumbre» provocado por los conflictos geopolíticos internacionales, el PIB de la CAV ha registrado un crecimiento del 1,8%. Los principales indicadores económicos han mostrado un avance superior al observado en la zona euro, aunque se está «ralentizando». Así, el CES señala la «importancia de mantener y reforzar la fortaleza competitiva del tejido productivo de Euskadi». También señala que el crecimiento ha sido, en gran medida, gracias a la demanda exterior, y no tanto al mercado interior.
En lo referente al empleo, se ha seguido la senda de la recuperación comenzada en 2022. La mayor parte del empleo creado se corresponde al sector servicios y, en menor medida, a la industria. Aunque el desempleo se redujo, el CES alerta de la elevada temporalidad e interinidad en el sector público, que es del 44%.
Otra de las grandes preocupaciones es la muy baja tasa de actividad que presenta la CAV: un 55%, frente al 75% de la media europea. Este se trata de un indicador que marca el potencial de crecimiento de la economía.
Esta baja actividad viene generada, entre otras cuestiones, por los problemas demográficos, una cuestión en la que viene años poniendo el foco el CES. El órgano consultivo ha subrayado que la CAV sigue inmersa en una tensión demográfica provocada por la baja natalidad y el progresivo envejecimiento de la población. De hecho, la media de edad se sitúa ya en 46 años, dos puntos más que la media estatal.
Si atendemos a las edades más avanzadas, las personas de 85 y más años han pasado de suponer el 1,9%, en 2003, al 4,1%, en 2023. Además, se da una relación de 1,7 personas de 65 y más años por cada menor de 16 años. A pesar de que los saldos migratorios positivos compensaron en 2023 el crecimiento natural negativo, el CES considera «necesario acelerar la aplicación de la Estrategia 2030 para el Reto Demográfico, orientando las políticas públicas de manera transversal y coordinada».
Respecto a las condiciones de vida, la CAV se mantiene en posiciones elevadas en los ranking internacionales de calidad y esperanza de vida, aunque algunos indicadores alertan sobre problemas, como que el 12,6% de las familias se encuentre en situación de pobreza energética, que el 7,6% muestre retrasos en los pagos de la vivienda principal, o que el 21,4% declare no poder afrontar gastos imprevistos.
Precisamente, respecto al ámbito de la vivienda sigue suponiendo un reto para la sociedad vasca. Valora positivamente el Plan Director 2021-2024 y se reafirma en la necesidad del alquiler asequible y la rehabilitación, «así como la iniciativa de ampliar la oferta de vivienda protegida para colectivos con dificultades de acceso, que puede contribuir a facilitar la emancipación de la juventud».
DEPENDENCIA ENERGÉTICA
En cuanto a la situación energética, el CES valora «positivamente las acciones y políticas públicas que fomentan un desarrollo económico sostenible, claves para abordar la transición ecológica-energética en la que estamos inmersos». Aun así, Barrutia alertó de la alta dependencia energética que tiene la CAV, de en torno a un 90%, mientras que en el Estado español es del 68% y en Europa, del 58%. Señaló que estas cifras «nos llevan a buscar nueva fuentes de energía». En este sentido, el informe llama a avanzar hacia «un modelo energético que minimice los combustibles fósiles, elevando la producción de energías renovables, tanto por su impacto ambiental positivo como por su capacidad de paliar la alta dependencia energética del territorio».
Por último, recomienda tener muy presente la irrupción de la Inteligencia Artificial, «que posiblemente pueda tener profundas implicaciones».
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