Faltan chóferes
Lo mejor es acostumbrarse a vivir sin sobresaltos, aceptando como cuestiones relacionadas con el mundo actual todas las paradojas con las que debemos convivir sin apenas encontrar un resquicio para racionalizar las evoluciones que se están produciendo sin darnos cuenta de que, en muchas ocasiones, hasta somos protagonistas, inductores o colaboradores necesarios.
Ejemplos de baja intensidad: si cada vez almacenamos, individual y colectivamente, más datos en eso que llamamos nube, si usamos tantos aparatos, aplicaciones de toda índole, deberemos encontrar absolutamente normal que uno de los actuales cebos inmobiliarios sea crear esas plantas donde instalar los miles de servidores que nos relacionan y que, para su funcionamiento y refrigeración, necesitan tanta electricidad que, de manera colateral, se está pidiendo más centrales eléctricas y señalan a las nucleares como solución de eficacia probada.
Pero lo que nos sitúa en el absurdo lisérgico es que se estén gestando convenios con el Ministerio de Defensa para poder habilitar a reservistas y personal de tropa y marinería para conducir autobuses de línea y camiones. Es un salto profesional perfectamente reglado. Los límites de edad en los ejércitos, la formación atropellada en estos menesteres, toda una suerte de circunstancias que señalan que puede ser una solución para el transporte por carretera ya que se necesitan con urgencia 4.000 conductores de autobuses y unos 15.000 para camiones. Convalidación exprés para cubrir este absentismo social ante unas profesiones poco reconocidas y muy sacrificadas.

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