Mutación de «los suyos»
Desde que Josu Jon Imaz y Joseba Egibar pugnaron por la sustitución de Xabier Arzalluz en la Presidencia del EBB con victoria discutida del primero, en el PNV había un sector oficial y otro crítico con unos límites más o menos definidos. Con la espantada de Imaz y el advenimiento de Iñigo Urkullu se estableció un pacto interno de reparto de poderes que fue diluyendo esas fronteras aunque se siguieran dando gestos y guiños de fidelidad de cada cual con los suyos.
Pero la situación interna del PNV ha sufrido una mutación que ha podido pasar desapercibida y, de pronto, nos encontramos con que veteranos afiliados de largo pedigrí jeltzale, a los que en los viejos esquemas colocaríamos del lado de los actuales dirigentes, presentan una propuesta sobre limitación de mandatos que conllevaría que algunos de los cargos más importantes de hoy en día se tendrían que ir a casa.
Y cuando uno se pregunta «¿pero estos no eran de los suyos?», se da cuenta de que ese «los suyos» sufrió un desgarro interno enorme con el evidente divorcio entre Iñigo Urkullu y el actual EBB. Muchos y muchas entenderían que las desavenencias venían de antes. A otras muchas y muchos lo que seguramente vieron como una traición al anterior lehendakari, les hizo tomar posición. Porque ahora Urkullu y Ortuzar no son el mismo «los suyos». Y la brecha se ha ido agrandando con decisiones que solo se entienden desde el nepotismo y el amiguismo que se habían prometido corregir. Dicen que ahora ya no hay sectores ideológicos, sino reinos de taifas, clanes y familias, preocupados cada uno por lo suyo, como siempre, pero con menos orden. De hecho, hay quienes quieren que Urkullu vuelva a presidir el partido como si eso fuera una solución.

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