Periodismo, por favor
Podríamos afirmar que las redes sociales son una cloaca. Sin embargo, esa afirmación dejaría fuera de toda responsabilidad a la sociedad de la que emana su alimento. Desde presidentes de gobierno, cantantes y cantamañanas, fascistas, señoros, listillos y listillas, gente enferma de odio, sociópatas y un largo etcétera vomitan en lugares como X toda su podredumbre. Cada vez más temo asomarme a la nube tóxica que impide ver el flujo de interacciones e informaciones interesantes que antes circulaban por la red. Compartir información interesa a unas pocas, difundir mensajes de odio y noticias falsas se ha convertido en la nueva religión.
Si se es como aquellos que escuchando a Jiménez Losantos se ponían cachondos y con ganas de darle duro al día, la cloaca tuitera es vuestro mundo, una mina de oro de energía para el triunfo. La necedad acampa a sus anchas en un reino donde cualquier mequetrefe se convierte en adalid del periodismo al que la manada de fieras es capaz de defender a pesar de educarnos desde la memez. Dice Noam Chomsky que si no creemos en la libertad de expresión de quienes no piensan como nosotros, no creemos en ella. El problema radica en la difamación, en confundir la mentira mil veces dicha con la delicada verdad basada en los hechos. Hoy, más que nunca, necesitamos reivindicar el periodismo y las personas que de forma profesional y desde la deontología lo ejercen.
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