Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
GLADIATOR II

El pan y el circo no funcionan como antes

Hitchcock decía que la verosimilitud no le interesaba, que era lo más fácil de hacer. Que si se quiere analizar todo y construirlo todo en términos de plausibilidad y de verosimilitud, ningún guion de ficción resistiría este análisis y solo se podría hacer una cosa: documentales.

Que “Gladiator II” sea inverosímil me es absolutamente indiferente; al contrario, cuando se desmadra y no se toma demasiado en serio a sí misma es cuando más se disfruta. Acepto sin rechistar los monos caníbales, los tiburones y los jinetes en rinoceronte.

La narrativa principal sigue la fórmula de la película anterior, y básicamente, repite los aciertos o elementos funcionales, reconoce los acontecimientos previos, pero no los explota con los mismos personajes. Diría que es una secuela, pero a su vez parece un remake, se podría decir que es una recuela, algo extraño.

Junto a un nivel de entretenimiento muy alto y una espectacularidad visual alucinante que ya preveíamos -aunque todo es demasiado digital-, lo mejor y más interesante de la película es Denzel Washington; su interpretación, su personaje y su subtrama.

Los personajes principales enganchan, básicamente porque están interpretados por grandes actores, pero tanto su desarrollo, como el guion en general, parecen escritos con IA.

Entretiene, no defrauda y es una continuación bastante digna, pero deja sensaciones extrañas. Algunos momentos rozan el ridículo y a nivel emocional deja frío; está muy lejos del nivel dramático de la primera. Lo que más me chirría es cuando se pone solmene, cuando se cree mejor de lo que realmente es y Scott vuelve a colarnos conceptos un tanto desfasados, rancios, que generan pereza; «la ira y el amor como motor de la sociedad» y tal.