El verbo es Hacer
Cada año el mismo o parecido ritual, miles de personas se manifiestan pidiendo la salida de los presos de ETA de las cárceles. Es uno de los actos más solidarios y cargados de significantes que acumula quinquenios, generaciones, deseos y frustraciones. Siempre hay un alivio circunstancial. El lenguaje cura. Esa idea de que cada una sea la última manifestación forma parte de una esperanza cargada de ilusión y resquemor transitorio. Ojalá.
Porque ante la situación local, las tensiones demoscópicas, los rumores de sucesión o cambio, la asquerosa realidad propiciada por la llegada del condenado Trump otra vez al despacho oval, que está avanzando una internacionalización del fascismo en todas sus formas y colores, lo que se ve a las claras es que existe una voluntad, una estrategia, unos medios económicos, de comunicación o de intoxicación al servicio de este retroceso social global, por lo que parece que se van estrechando las posibilidades de contrarrestar esta magna acción totalitaria global solamente con declaraciones y postureos, aunque sean muy vistosos.
La discusión en los ámbitos antifascistas no está en señalar si existe un problema de comunicación o una confluencia de intereses partidista, se trata de algo muy simple que, por desgracia, Aznar lo estipuló en un mensaje claro a su mundo facha: el que pueda hacer algo, que lo haga. Y lo están haciendo. Por lo tanto, el verbo a conjugar sin restricciones es Hacer. Y haciendo todos, en cada segundo de nuestra vida, a lo mejor podemos aliviarnos o frenar de alguna manera la oleada reaccionaria que nos está viniendo.

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