Raimundo FITERO
DE REOJO

Agentes audiovisuales

Hay momentos del día en los que aparece claro que lo mejo para la salud es apagar los receptores de noticias, mentiras e intoxicaciones y dedicarse, como mucho, a escuchar música de manera indiscriminada, valses o jazz latino, incluso se puede mecer la sensibilidad a base canto gregoriano, cualquier cosa que ayude a desintoxicarse y que sirva para ordenar las neuronas.

Es que de repente hay vídeos que producen alteraciones bioquímicas. ¿Han visto cómo la delegación de Almería hace desfilar a la Legión en plenos pasillos de Fitur? El mensaje sencillo que mi estructura mental descifra es que, si hay caballeros legionarios, hay, seguro, buen costo, algo de grifa y tras sustancias recreativas. Sus playas, la magnífica alcazaba o los tomates Raf se promocionan solos y no necesitan incentivos para llamar a la plaga turística.

Todo es una puesta en escena, que mandan los realizadores, esos agentes propagandísticos audiovisuales que propician, generan y seleccionan las imágenes, como esas secuencias inverosímiles de la liberación de cuatro mujeres del Ejército israelí, con sus uniformes inmaculados, planchados, una sonrisa magnífica rodeadas de milicianos de Hamás, con sus mejores galas. ¿Son verdad, reales, fruto de la IA o una tomadura de pelo monumental?

Por eso y tantas cosas ando en crisis existencial y confusión profesional. ¿No sería mucho mejor que escribiera sobre cosas importantes? Por ejemplo: el secreto para que no se creen bolas de pelusa en los jerséis de lana. ¿Tengo edad para cambiar de rumbo? Me parece que no me da la gana.