Raimundo FITERO
DE REOJO

Palomas cojas

El individuo que ha logrado interesar a una cantidad de gente indiscriminada se apellida Montoya y se ha hecho famoso por sus aventuras amorosas y por salir corriendo de manera despavorida de una estancia en una llamada Isla de las Tentaciones. El caso de este sujeto ha logrado aparecer en programas televisivos de medio mundo, la escena de su escapada enloquecida y de la presentadora gritando su nombre forma parte de la historia reciente de la televisión bajo límites de lo inverosímil, pero que se alimenta con mucho sexo o simulacro. O sea, una clara intencionalidad política más allá de lo obvio.

Debido a su rima, debería extenderme algo más con Montoya, pero ha aparecido un caso de un posible tocamiento en una acción de juego en un terreno de fútbol en el que están involucradas dos jugadoras y las imágenes que se nos pasan parecen muy claras, pero no acaba de poderse definir ese acto en qué rubro de código penal o ético se podría ubicar. Así que tampoco me quedo en esta opción que va a traer mucha polémica.

Lo que es apoteósico es un estudio que asegura que las palomas cojas que vemos en nuestras localidades se lesionan en barrios donde hay muchas peluquerías. El estudio está realizado en París y señala que el crecimiento que a simple vista corroboramos de palomas con lesiones y amputaciones en sus patas es debido a que se enredan en pelos humanos. Han hallado pelos y cuerdas en los ejemplares estudiados enredados que son los elementos que se han provocado la necrosis. Y ante la ciencia, la estadística y los estudios serios, uno hace una genuflexión y calla.