Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
AMENAZA EN EL AIRE

Un thriller aéreo que se estrella

Mel Gibson es una figura ineludible en la historia del cine contemporáneo. Desde su debut como director con “El hombre sin rostro” (1993), Gibson ha demostrado su interés por los relatos intensos. Independientemente de las posturas que se tengan sobre su visión o su mensaje, su cine se ha caracterizado por un lenguaje visual potente y una narrativa poderosa. En “Amenaza en el aire” no hay rastro de esas señas distintivas.

Es una propuesta que remite al cine de acción de los 90, con una duración ajustada y un único propósito: entretener sin artificios ni aspiraciones grandilocuentes. Es una película de evasión, concisa y eficaz, sin más. La acción transcurre dentro de un pequeño avión, convirtiendo el espacio en el escenario de la tensión. Consciente de sus propias limitaciones, la cinta no intenta ir más allá de lo que realmente es y se mantiene fiel a su naturaleza sin excesos innecesarios.

No obstante, en su afán por ofrecer entretenimiento, se ha descuidado el guion; la tensión se desvanece entre diálogos reiterativos y una puesta en escena que desaprovecha el potencial del reducido espacio dentro del avión.

También se han dejado por el camino los personajes; cumplen con su función dentro de la trama, pero carecen de la profundidad necesaria y el guion no les ofrece el desarrollo suficiente. Mark Wahlberg demuestra que tiene una notable facilidad para interpretar papeles de villano, pero su interpretación tiende a deslizarse hacia la exageración y lo ridículo en algunos momentos.

No les niego que la película sea sumamente entretenida, pero no tiene absolutamente nada que la haga destacar por encima de las miles de películas de características similares. Demasiado convencional.