Mirada al glorioso pasado para afrontar el futuro
Un vídeo de media hora repasando los momentos claves de Saski Baskonia en Europa por voz de su plana mayor, y una mesa redonda con Scola, Rakocevic, Bodiroga y Pablo Laso subrayaron el desarrollo de un club basado en el sentimiento de pertenencia y el carácter, imprescindibles para seguir caminando entre mastodontes.

«Es tiempo de que espabilemos. Siendo como somos de una ciudad pequeña, nos toca arriesgar mucho más, y cuando te arriesgas tienes éxitos y fracasos. Pero el balance final es más que positivo en el que hemos vivido grandes satisfacciones». Son palabras nada menos que de Josean Kerejeta, quien fue uno de los protagonistas del documental «25 años en la élite» que conmemoraba Saski Baskonia en sus bodas de plata en la Euroliga, siendo el de Gasteiz uno de los cuatro únicos equipos que no ha faltado nunca a su cita con el máximo torneo continental de clubes, y tiene la convicción de que así quiere continuar, por encima de dificultades ya veremos si coyunturales. Desde luego que la cita de ayer en el Edificio Ondare fue como para relanzar el ánimo de una entidad necesitada de espabilar, sí, pero también de recordarse lo mucho que ha conseguido en este cuarto de siglo.
Como si de un hormiguero se tratase, el Edificio Ondare vivió una actividad febril minutos antes de celebrar los 25 años de Saski Baskonia en la élite europea. Periodistas, reporteros gráficos, camarógrafos, técnicos, aficionados que en lento goteo fueron ocupando sus asientos, y las grandes estrellas que, vestidos de traje y sin la presión del partido que viene, repartieron sonrisas y buenos recuerdos de un cuarto de siglo en el que el club gasteiztarra se ha hecho con un hueco y un nombre entre lo más granado del baloncesto europeo, eso que Pepe Laso definía como «el palco de la Scala de Milán».
Con el habitual retraso que acostumbran estos actos, a medio camino entre el bullicio, la nostalgia y el reencuentro de viejas caras conocidas, Saski Baskonia en pleno, incluyendo la actual plantilla y capitaneado por nada menos que su presidente, Josean Kerejeta, presentó en sociedad su documental conmemorativo, seguido de una mesa redonda en el que los exbaskonistas Luis Scola e Igor Rakocevic, de largo las fotos más solicitadas, disertaron sobre la vida y los milagros de la entidad baskonista en estos 25 años, junto con el actual entrenador de la primera plantilla, Pablo Laso, y Dejan Bodiroga, una de las más grandes estrellas que ha dispuesto la Euroliga y su actual presidente.
«Solo Baskonia, Olympiacos y Barça -y Zalgiris- han tomado parte en estos 25 años. ¡Increíble! Olympiacos y Barcelona son equipos con una historia enorme, pero en aquel momento Baskonia no tenía esa tradición de Euroliga ni esa historia. En ese momento, pensar que el Baskonia iba a estar 25 años seguidos ahí, era sencillamente impensable», admitió un Luis Scola elegante y complacido, nuevamente en unos puntos cardinales que lo vieron crecer.
EMOCIÓN EN IMÁGENES
La plantilla baskonista saliendo a escape del parqué del OAKA, con una voz televisiva diciendo de fondo «Tau Cerámica jugará la Final Four» fue el arranque de un una presentación en imágenes, desde que el 18 de octubre de 2000 jugase su primer partido de Euroliga.
«25 años en la élite» el título del documental de 30 minutos que fueron resumiendo este cuarto de siglo, con Josean Kerejeta, Alfredo Salazar, Félix Fernández, Markus Howard y Tadas Sedekerskis poniendo su experiencia, recuerdos y entusiasmo para asentar a un Saski Baskonia en la élite, y donde si algo quedaría bien claro, es que el contexto de tamaño reducido de donde sale el club gasteiztarra -«el club de baloncesto de Euskadi», en palabras del propio Josean Kerejeta-, su crecimiento ha llegado a través de apuestas con un factor de riesgo distinto, en muchos casos mayor, frente a otros trasatlánticos continentales.
El mate de Timinskas frente a Andersen, el «Oakazo» de Atenas, el triple ganador de Bennett ante el Maccabi en La Mano de Elías, junto con imágenes de las cinco Final Four y grandes victorias, ayudaban a recorrer un camino que tiene todavía un quehacer por delante, toda vez que Saski Baskonia tiene garantizada su presencia en la Euroliga hasta 2036, aunque con la consigna de que «hay que seguir creciendo y hay que seguir mejorando porque la Euroliga todavía tiene margen de mejora», Josean Kerejeta dixit.
Fueron imágenes en muchos casos repetidas para un mensaje recurrente y que arrancó los aplausos de una platea que fue descubriéndose a sí misma, sin olvidar el título de Recopa de 1996, primer aldabonazo de Saski Baskonia camino de la élite continental, con imágenes de Marcelo Nicola entrando a machacar como un misil en la recta final de aquella finalísima ante el Paok de Salónica, o el llorado Manel Comas desatado en el banquillo.
«PERTENENCIA»
«La palabra con la que definiría al Baskonia es ‘pertenecer’». Son palabras de todo un Igor Rakocevic que admitió que aún hoy siente que «en Vitoria viví un nuevo nacimiento. Jugué los tres mejores años de mi vida y por eso siento que pertenezco al Baskonia».
Fue el exjugador serbio quizá el que mejor expresó el «Carácter Baskonia». «Los jugadores argentinos tenían ese fuego en los ojos parecido al que teníamos los jugadores balcánicos. Es por eso que yo llegué muy triste del Real Madrid, con una reputación algo dañada, pero llegar aquí fue lo mejor que me podía haber pasado», declaró, en unas palabras muy por encima de lo protocolario.
«Jugar contra el Baskonia siempre era difícil. Siempre ha tenido una identidad clara, especial, con ideas claras. Eso se veía en la cancha y por eso con el tiempo ha hecho grandes cosas y a todos los niveles», añadió Dejan Bodiroga, la voz más institucional de la mesa redonda que Luis Scola y Pablo Laso completaron, dando una visión global de todo este tiempo.
«El primer año que se jugó la Euroliga llegó Dusko por primera vez, nos dio una energía, una mentalidad y un basket que ninguno pensábamos que tenía. No nos terminábamos de creer que fuéramos capaces de ganar aquel play-off final, pero quizá fue el que más cerca estuvimos de ganar», recordó Luis Scola, rememorando sus primeros pasos en la élite europea.
«Pablo se veía que iba a ser un gran entrenador», rememoró Igor Rakocevic. «Como era Dusko, era muy buen entrenador, pero también una gran persona. Muy justa. En la cancha todos sabíamos qué hacer, pero al mismo tiempo era nuestro amigo en el vestuario».
El anecdotario fue inacabable, en el contexto de un mundo tan cambiante como el que los cuatro protagonistas compartieron. «El propio desarraigo era mucho mayor y más impactante, pero las cosas de ese tiempo tienen su valor porque representan cómo eran las cosas en su momento. Por eso disfruto de cómo han sido estos cambios con el paso del tiempo», rememoró Luis Scola, que conminó a «disfrutar ese crecimiento y ese desarrollo del juego».
El tiempo no pasa en balde. Ya ninguno de los cuatro protagonistas sentados pueden vestirse de corto, pero como bien dijera Dejan Bodiroga, «pienso en lo que puedo aportar en cómo hacer más grande este baloncesto».
«El mate de Timinskas cambió el baloncesto europeo. Es una imagen Euroliga, porque se empezó a ver la importancia sobre todo del aspecto físico», son palabras de Pablo Laso, que definió el juego como «un continuo movimiento, una labor de tiempo y de trabajo que el Baskonia ha conseguido transmitir, pero que los entrenadores debemos transmitir en cualquiera de nuestros equipos».
«CIUDAD DE BALONCESTO»
Igor Rakocevic elevó el tono emocional de la jornada en cada una de sus intervenciones. «Yo le digo a mi hijo que si quieres ganar dinero y salir a cenar y con mejor clima, hay ciudades preciosas y muy grandes: Barcelona, Madrid, Atenas, Estambul... Pero si estás interesado en el baloncesto, no hay otra ciudad como Vitoria. Existe la exigencia de competir y por ganar, pero es por algo que gente como Scola, Splitter, Teletovic, yo mismo, Prigioni, Nocioni... hayamos jugado nuestros mejores años en Vitoria. Porque es una ciudad que vive el baloncesto como ninguna», recalcó el exjugador serbio.
«Mi hijo tiene 16 años y además nació en Txagorritxu el día de Navidad; tiene una conexión distinta con la ciudad. Por eso cuando le hablo de Vitoria me mira con los ojos abiertos y me pide ‘llévame mañana allí’, y claro, le digo que primero tiene que querer él y luego tiene que ser lo suficientemente bueno para que se fijen en él desde el club. Pero desde luego, si hay una ciudad donde centrarse en jugar a baloncesto, esa es Vitoria», indicó Rakocevic, más ‘número uno’ que nunca de este evento.
Y a ese respecto, el futuro se quiso pintar halagüeño «porque el producto es bueno, hay estructura y el proyecto es bueno», recordó Luis Scola, pero con la condicionante de que «no existe el crecimiento continuo y lineal. Eso no existe. Pero no se puede estar preocupado por el futuro del baloncesto en el Baskonia», un diagnóstico que también compartía Dejan Bodiroga. «Esta Euroliga no se pudiera entender sin el Baskonia».
Con la foto de familia de la plana mayor baskonista y la primera plantilla gasteiztarra con los cuatro invitados se llegó a un fin de fiesta a partes iguales emotivo e institucional, que quizás pudo estar basado en los logros del pasado, pero que quiso sembrar una semilla de cara a lo que el futuro vaya a traer en el baloncesto continental de élite. Siempre con Saski Baskonia incluido, aunque para ello haya que recordar a su presidente cuando dice que «los fracasos te enseñan que tienes que espabilar».

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