Como un boxeador con mandíbula de cristal que cae al primer golpe
Tras una buena primera parte en la que faltó marcar, los donostiarras encajaron un gol del sevillista Ejuke nada más empezar la segunda mitad, y a partir de ahí fueron incapaces de generar la más mínima ocasión ante la meta de Nyland (0-1).

Cuando algo se repite una y otra vez, deja de ser casualidad. La Real ha empezado perdiendo esta Liga en trece partidos, y solo en uno, en Anoeta ante el Atlético, logró empatar. El resto se cuenta por derrotas, la última ayer ante un Sevilla que se llevó los tres puntos sin hacer nada del otro mundo. Lo único positivo es que se salvó el average por el 0-2 de la primera vuelta en el Pizjuán.
Con 34 puntos, la séptima plaza que posee el Mallorca con 37 sigue a tiro, pero al equipo se le está haciendo larguísimo este maratón, y eso se nota contra rivales con mucho menos desgaste en las piernas y en la cabeza.
De salida, Imanol movió el árbol hasta en la portería, dando entrada a un Marrero que se estrenaba en Liga pero que este curso ya ha demostrado su fiabilidad en Copa y Europa League.
Atrás formaron Aramburu, Zubeldia, Aguerd y Javi López, con un centro del campo “made in Zubieta”, ya que Turrientes repitió titularidad guardando las espaldas de Olasagasti y Marín. En ataque piernas frescas, con la entrada en las bandas de Becker y Sergio Gómez -los dos extremos a pierna natural, contrariamente a Kubo y Barrene-, y la presencia de Oskarsson en punta. Zubimendi, que durante la semana arrastró un proceso gripal, se quedó finalmente en el banquillo.
Hizo falta esperar un cuarto de hora para ver la primera ocasión, con un testarazo en plancha de Zubeldia en un saque de córner que se marchó ligeramente desviado. El marcaje de Saúl molestó lo suficiente al de Azkoitia para que no pudiera precisar.
Otro balón parado botado por Sergio Gómez, en este caso una falta, llegó hasta Aguerd, sin marca en el segundo palo, pero su remate fue donde estaba el meta hispalense.
Gómez puso un nuevo caramelo a Becker en una contra, pero su disparo de primeras lo volvió a despejar Nyland. Pasada la media hora fue el turno de Oskarsson, con un robo y un disparo desviado desde el balcón del área.
El Sevilla replicó con una llegada por la izquierda de su lateral Pedrosa, que disparó duro para que Marrero tapara con su manopla izquierda. El balón quedó muerto en el área, botando, y afortunadamente Isaac Romero no pudo empalar bien.
PÉRDIDA Y GOL
La Real había madurado bien el partido durante los primeros 45 minutos, pero nada más arrancar la segunda mitad Aguerd perdió un balón en el centro del campo y la jugada llegó hasta el nigeriano Ejuke, que con el interior de la diestra la puso en el palo largo, lejos del alcance de Marrero (0-1, 47').
Segundos antes Imanol había puesto a calentar a la artillería pesada. Todo haría falta para romper las estadísticas, que certifican la incapacidad de meter mano a rivales a los que el marcador les resulta favorable. Porque cabe recordar las derrotas frente a equipos que con 0-0 se limitaban a darle el balón a la Real para aprovecharse de sus errores.
No tardaron nada en entrar Traoré, Zubimendi, Barrene y Oyarzabal por Aramburu, Turrientes, Olasagasti y Becker. Sin embargo, fue el Sevilla el que pudo remachar la faena en una contra fulgurante, pero Isaac Romero perdonó la vida a la Real al mandar al palo su uno contra uno ante Marrero.
Con los hispalenses en su campo, la Real no encontraba la forma de hacer daño. Salió el abrelatas Kubo, para ver si se sacaba un conejo de la chistera. Ni por esas, la Real no encontraba el camino y se escuchaba música de viento en Anoeta. Si el fútbol se mueve por sensaciones, ayer Old Trafford parecía el Everest.

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