Del mito al rito
La otra tarde asistí a una representación teatral en una sala independiente madrileña de una obra creada e interpretada por un grupo de actrices, dramaturgas y directora de origen vasco que escenificaron algunas de las leyendas sobre brujas del Anboto. Mantuve una atención excepcional debido a la forma del espectáculo pues me recordó la necesidad de contar nuestro hoy, desde un ayer mágico, y de la fascinación por plasmar en los escenarios historias que busquen en los mitos maneras que nos ayuden a ser compasivos con nuestra existencia actual.
Se usaba el euskera en algunos pasajes, la mayoría eran espectadoras, como casi siempre, el equipo artístico hacia una propuesta rigurosa en su concepción y la respuesta fue amable y considerada. Muchas veces en mi diaria asistencia a obras de teatro me distraigo mucho en intentar detectar el origen de cada persona que asiste, de si se trata de amigos, familiares, compañeros de estudios o individuos que tienen el impulso de acudir a ver obras de teatro y cómo hacen la selección entre todo lo propuesta en la cartelera que son cientos de opciones a su alcance. Porque tengo que recordar que hablamos muchos de quienes lo hacen, pero casi nunca de quienes le dan certificado de existencia: los públicos, imprescindibles.

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