Risas previsibles y lujo idealizado

La nueva película de Joaquín Mazón “El casoplón” es la típica comedia familiar española en la línea de las que predominan últimamente, al estilo de “Padre no hay más que uno”. Cuentan con un público fiel y bien definido -probablemente su principal destinatario-, pero, siendo sinceros, resultan algo repetitivas y cansinas.
Se trata de una película ligera, con un humor sencillo y efectivo, que logra entretener sin recurrir a excesos ni pretensiones. Quienes busquen exactamente eso lo encontrarán sin problema; sin embargo, en el momento en que la película intenta adoptar un tono más serio —particularmente hacia su tramo final—, se hace evidente lo limitada y superficial que resulta.
“El Casoplón” no aporta nada nuevo ni en su planteamiento ni en su ejecución. Se limita a repetir clichés, estereotipos y situaciones previsibles, envueltas en un humor que rara vez trasciende el chiste fácil o el gag forzado.
Después de un arranque bastante divertido, hay que reconocerlo, la familia protagonista se traslada al «casoplón» que da nombre al filme. A partir de ese momento, la trama se transforma en una especie de cuento que idealiza el estilo de vida de los ricos, pintándolos como personas encantadoras y dejando entrever que la vida en un entorno más humilde es gris y sosa. En cuanto a la subtrama de Edurne, haciendo que la película se convierta en una especie de promo de la cantante, con canción incluida, no hay por dónde cogerla.
Es una película que parece hecha con el piloto automático, dirigida a un público poco exigente y que, si bien puede arrancar alguna risa ocasional, deja la sensación de haber visto lo mismo una y otra vez, pero con menos gracia.

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