D. L.

La UE respira tras la derrota del ultra trumpista en Rumanía

La UE, Ucrania y Moldavia respiran aliviadas tras la derrota del candidato presidencial ultra, panrumano y trumpista George Simion, pero el ganador, el tecnócrata y alcalde de Bucarest, Nicusor Dan, tiene ahora la difícil tarea de unir a un país herido.

El candidato ultra, Georges Simion.
El candidato ultra, Georges Simion. (Yumiko KURASHIGE | AFP)

Muy por detrás en la primera vuelta (21% frente al 41%), el alcalde tecnócrata de la capital, Nicusor Dan (55 años) obró el milagro y revirtió la mayor diferencia en la historia de las presidenciales de Rumanía, ganando las elecciones del domingo con el 53,6% de los votos, frente al 46,4% de su rival ultra, panrumano y trumpista George Simion (38 años), gracias a un aumento excepcional de la participación (12 puntos, dos millones de votos más).

Gran parte de esa movilización se debió al voto joven urbano, que temía que las políticas de Simion pudieran aislar al país en la UE, en la que siguen confiando el 56% de los rumanos.

Las encuestas apuntan a que tres de cada cuatro ciudadanos ven la pertenencia del país al bloque como algo beneficioso. Nueve de cada diez rechazan una salida de la UE o de la OTAN.

Otra fuente de movilización fue la del miedo a un acercamiento a Rusia y a un modelo represivo, algo que se reflejó en uno de los cánticos de los congregados ante la sede de Dan tras su victoria: «Rusia, recuerda, Rumanía no es tuya».

Más cuando halcones rusos como el ideólogo euroasianista del Kremlin, Alexander Dugin, apoyaron al también ultra panrumano pero pro-Putin Calin Georgescu, quien ganó en la primera vuelta en las presidenciales de noviembre, que fueron suspendidas en una controvertida decisión que llevó a su inhabilitación.

Georgescu apoyaba en estos comicios a Simion, quien evocó la posibilidad de nombrarle primer ministro..

Los analistas locales citan, asimismo, errores de campaña de Simion, como negarse a participar en debates, improvisar y reconocer que algunas de sus promesas eran marketing.

Su comportamiento errático quedó en evidencia cuando cerraron las urnas. Empezó denunciando un fraude, reivindicó luego su victoria y terminó reconociendo su derrota.

La macroeconomía -la depreciación del lei, moneda nacional, y la alerta de las agencias de calificación de sus bonos- le hurtó, asimismo, el apoyo de la clase media.

Frente a él, Dan, autócrata que vende gestión antiinmobiliarias y contra la corrupción desde la Alcaldía de Bucarest, ha sabido, manteniendo una equidistancia con cuestiones de guerra cultural como la del colectivo LGTBIQ+, seducir al electorado urbano.

Pero su principal reto pasa por unir a las dos Rumanías (la rural ha votado masivamente por Simion). Y sus desafíos a corto plazo no son menores. Primero, deberá negociar con los cuatro partidos prooccidentales (PSD, el conservador PNL, la formación de la minoría húngara UDMR y la liberal USR) y nombrar un primer ministro tras la dimisión del socialdemócrata Marcel Ciolacu.

Reformar el Estado, la Justicia y reducir la corrupción son los otros retos de un alcalde de Bucarest que hizo campaña bajo el lema de una “Rumanía honesta”, y harta del clientelismo bipartidista del PSD y el PNL.

Deberá también enderezar la economía (déficit del 9%) sin ahondar en el malestar social y luchar contra una creciente polarización.