Ramon SOLA
FORO ASETT

La economía social une a Palestina, África y Europa

Ministros de países de cuatro continentes pusieron ayer en valor en Donostia la economía social y solidaria, dentro del foro ASETT que tiene como referencia al fundador del cooperativismo vasco. Un hilo común aunque nada tengan que ver la realidad palestina que la española o la keniata y la francesa.

Participantes en el foro ASETT. En la página anterior, los ministros brasileño, senegalés, keniata, española y francés, junto a la moderadora.
Participantes en el foro ASETT. En la página anterior, los ministros brasileño, senegalés, keniata, española y francés, junto a la moderadora. (Gorka RUBIO | FOKU)

El denominado Arizmendiarrieta Social Economy Think Tank (ASETT) desarrollado en la capital de Gipuzkoa concluyó ayer con una mesa redonda que reunió a ministros de estados en situaciones muy diferentes, desde la española a la palestina pasando por la que vive África.

En la sesión tomaron la palabra Dione Aliou, ministro de Economía Social y Solidaria y Microfinanza de Senegal; Patrick Kiburi Kilemi, secretario de Estado de Kenia; Gilberto Carvalho, secretario de Economía Solidaria de Brasi; Maxime Baduel, delegado ministerial para Economía Social en el Estado francés; y Yolanda Díaz, ministra española de Trabajo.

La tertulia contó ademas con la aportación de la ministra de Economía de la Autoridad Nacional palestina, Enas Dahadha Attari, que obviamente intervino por videoconferencia dada la situación en sus territorios. «La economía social es fundamental para afrontar los retos a que nos enfrentamos: lucha contra la desigualdad y contra el cambio climático -dijo-. Es además un camino alternativo que puede empoderar a las mujeres y fortalecer a las comunidades».

«No queremos beneficencia, sino empoderamiento -recalcó la ministra palestina-. La lucha contra la desigualdad debe compartirse y la economía social es una herramienta potente de cambio, ofrece dignidad para los trabajadores y soluciones contra el cambio climático. No es siquiera una alternativa, es una necesidad».

El ejemplo de Brasil fue traído por Gilberto Carvalho. Situó este modelo de economía en un concepto integral de «mudanza social» que debe implicar a otras áreas. Apuntó que el cambio producido en 2016 («el golpe») lo primero que hizo fue atacar a la economía solidaria, pero que ahora se ha reimpulsado con el retorno de Lula: «Estamos reconectando para lograr una sociedad fraterna y socialista».

PARÍS Y MADRID

El Estado francés fue presentado por la moderadora como pionero en economía social y solidaria, «por su larga tradición y apoyo político». Maxime Baduel indicó que la economía social supone en su país un 10% del PIB y un 14% del empleo privado. «Esto es algo profundamente político porque estamos hablando claramente de democracia. También de territorio», subrayó.

«Las cooperativas en Francia han demostrado que son más sólidas que las otras empresas», añadió sobre su perdurabilidad. Para el delegado francés, en cualquier caso, hay déficits claros en este modelo, como la falta de «visibilidad», de un marco normativo expreso y de financiación en algunos casos. En su intervención dirigió varios elogios al modelo de Mondragon.

La última intervención se dejó para Yolanda Díaz dentro de esta iniciativa coimpulsada por el Gobierno español. Comenzó con un saludo a su colega palestina, «con quien trabajamos a diario», y con una mención a los aranceles de Trump: «La economía de Estados Unidos solo es el 15% del mundo y no puede dictar sus normas al 85% restante».

«Nuestra ley pionera, que modificará otras tres y está en la recta final de tramitación, ha sido calificada por Vox de ‘totalitaria’», denunció Díaz. «Les molesta la economía social porque funciona fuera de la economía capitalista, no está liderada por el reparto de los beneficios, es democrática, es feminista, es resiliente y pone al ser humano en el centro. Tiene una fortaleza brutal». Con todo, admitió que sigue siendo una especie de «isla» dentro de la economía global y hay que revertir ese hecho, a lo que aspira esa ley.

DOS EJEMPLOS AFRICANOS

El ministro senegalés Dione Aliou destacó que su país cuenta con un ministerio propio para ello, centrado en los microcréditos, y una ley también específica. «Estamos en un mundo en que imperan la pobreza, o al menos las desigualdades, también en los países desarrollados. Aquí hay principios generales: gobernanza democrática, sostenibilidad, inclusión, corresponsabilidad, rendición de cuentas... Hay que recentrar la economía sobre lo humano», declaró.

«Cuando llegué al Gobierno, vi que teníamos un ministerio, pero no había acciones concretas -detalló sobre Senegal-. Hoy día tenemos cuatro tipos de cooperativas, tres de ellos nuevas: las urbanas (centradas en los jóvenes), las productivas y las agrarias. Hoy podemos decir que la economía senegalesa está cooperativizada, a partir de las microfinanzas, porque había problemas para obtener dinero de los bancos. También les damos apoyo técnico, formación tecnológica para lograr especialización».

Uno de los efectos ha sido mejorar la seguridad, subrayó, «porque cuando los jóvenes no tienen empleo es cuando llegan los problemas».

¿Y en Kenia? Patrick Kiburi Kilemi detalló un modelo que fue presentado en el acto como «muy activo y muy financiado». Aseguró que la economía social en su país «no es un trabajo, es un modo de vida», enraizado incluso ya en la era colonial. Se extiende en ámbitos como la sanidad, la educación e incluso la banca, apuntó. Dispone también de un ministerio propio.

Kenia tiene una población extremadamente joven, con una media de 19 años, y «que sabe mucho de tecnología». Fomentar la economía social desde la universidad está siendo por tanto una de sus prioridades. Aunque también en el ámbito rural, imprescindible: «La gente quiere más trocitos de tierra, pero eso solo se consigue desde el movimiento cooperativo», dijo Kilemi.

Una de las aspiraciones, desde esta palanca, es llegar a ser «el mejor productor de café del mundo». Como reto añadido, impulsar cooperativas dirigidas por mujeres, punto poco desarrollado según admitió el secretario de Estado, y para el que han dispuesto un presupuesto propio.

También él elogió los logros vascos: «Mondragon es la única universidad cooperativa del mundo, es nuestra inspiración», concluyó el keniata.