Raimundo FITERO
DE REOJO

Rozar el sol

Primera duda sobre el sol, ¿se escribe con mayúscula o minúscula? Segunda duda, ¿por qué el ser humano tiene tanta afición a acercarse a ese astro? En todas las culturas y sus mitologías aparece como símbolo de la creación y la destrucción y se usan los viajes hacia el Sol como explicación de la ambición desmesurada o el rotundo fracaso. En la actualidad los que vuelan en cápsulas espaciales se sitúan en algún momento en una perspectiva solar bastante sublime. Pero son quienes vuelan en parapente quienes sin protección adecuada intentan rozar el sol, a veces de manera involuntaria por culpa de fenómenos atmosféricos incontrolables y se colocan en peligro de muerte.

Los cielos despejados poblados por globos aerostáticos es una suerte de anuncio móvil, una exposición de instrumentos manejables que ayudan a la imaginación más literaria, que forman parte de un decorado colorista, de una atracción festiva incorporada a muchas programaciones patronales, pero el parapente es algo mucho más rotundo e individual, a lo sumo un ejercicio de dupla, que en ciertos parajes se cruzan en nuestra visual con aves de rapiña que los observan de reojo como intrusos espontáneos en su territorios.

No queda claro si se trata de un deporte, de una afición terapéutica, de una manera poética de medirse con los dioses y las fuerzas de la naturaleza o una simple manifestación de poder mental y musculatura geométrica. Quien busque volar para ver la tierra o su pueblo como está sin su presencia encuentra una forma de estímulo perfecto para reafirmar su yo, pero no debe olvidar jamás lo que le pasó a Ícaro.