Sri Lanka, Bangladesh, Indonesia, Nepal... la juventud asiática se revuelve

Tras Sri Lanka y Bangladesh, Nepal. El levantamiento que provocó la caída del gobierno de Katmandu es el último de una serie en el sur de Asia provocados por jóvenes que buscan igualdad y un futuro.
En todos estos países, así como en Indonesia, más al sur, la revuelta nació de la ira de una gran parte de la población desempleada, alimentada por las redes sociales, contra una vieja élite percibida como corrupta y alejada de las realidades de su vida cotidiana.
En Colombo, Dacca o Jakarta, jóvenes manifestantes denunciaban la vida escandalosamente opulenta de una minoría de las clases dominantes, en comparación con las modestas perspectivas de futuro de la mayoría.
Al igual que los manifestantes que desafiaron al Gobierno en Yakarta unos días antes, los jóvenes nepalíes llevaban las mismas banderas piratas inspiradas en una película animada japonesa.
Amrita Ban, manifestante de 23 años en Katmandu, concede que «estamos en la misma zona geopolítica; es normal que haya un impacto».
El paralelismo entre la caída del primer ministro nepalí, KP Sharma Oli, la semana pasada, y la de su homóloga bangladesí, Sheikh Hasina, en 2024, se hizo evidente.
Hace un año, la protesta en Bangladesh fue duramente reprimida e iniciada por estudiantes que se oponían a la reforma de las cuotas laborales en la administración pública. Los principales objetivos, el desempleo, la discriminación y el nepotismo. A diferencia de Nepal, los partidos hicieron causa común con los jóvenes. En ambos países, los jóvenes han presionado para que un «hombre sabio» lidere la transición: el ganador del Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, de 85 años, en Dacca y la expresidenta de la Corte Suprema Sushila Kalki, de 73 años, en Katmandu.
En 2022, una crisis financiera sin precedentes, caracterizada por la hiperinflación y la escasez, precipitó la salida del presidente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa y el fin de una dinastía que había gobernado la isla durante mucho tiempo.
Las mortíferas protestas que sacudieron Indonesia el mes pasado comparten raíces. Iniciadas para protestar por el incremento exponencial de los sueldos de los políticos, pero con el paro de telón de fondo, se intensificaron tras la muerte de un mototaxista atropellado por la Policía.
India, con dificultades para absorber a los 10 millones de jóvenes que ingresan cada año a su mercado laboral, ve las barbas del vecino cortar.

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