Ingo NIEBEL

35 años después de la unificación, la AfD pone su mira en Polonia

Hace 35 años, la izquierda europea temía que la unificación de Alemania pudiese dar a luz a un «cuarto Reich». Esta pesadilla no se ha hecho realidad, pero la neofascista Alternativa para Alemania (AfD) cada vez obtiene un mayor apoyo en las encuestas y el respaldo del Gobierno alemán a la expansión israelí vulnerando el derecho internacional puede servir de excusa para que los neofascistas pongan su mira en Polonia.

Imagen de la caída del Muro de Berlín en 1989, que supuso el inicio del proceso que llevó a la unificación de Alemania hace 35 años.
Imagen de la caída del Muro de Berlín en 1989, que supuso el inicio del proceso que llevó a la unificación de Alemania hace 35 años. (EUROPA PRESS)

Desde 1990, Alemania celebra su fiesta nacional el 3 de octubre, que oficialmente se denomina el Día de la Unidad Alemana. En aquella fecha, la socialista República Democrática Alemana (RDA) se adhirió a la capitalista República Federal de Alemania (RFA).

A las 00.00 horas de ese día, la legislación germano-occidental entró en vigor en el territorio que el 7 de octubre de 1949 había nacido como «el primer Estado antifascista en territorio alemán». No hubo negociación, ni siquiera un debate sobre una Constitución.

LA LEY FUNDAMENTAL

Desde 1949, cuando el 23 de mayo de ese año se fundó la RFA, está en vigor la denominada Ley Fundamental. En su día, Bonn no quiso consolidar la división en dos Estados (más unos tantos territorios «bajo administración» polaca y soviética en el este de Europa) dotándose de una Carta Magna. Por ese motivo, las dos Cámaras del Parlamento, el Bundestag y el Bundesrat, aprobaron la Ley Fundamental.

En su preámbulo figuraba que «todo el pueblo alemán sigue estando llamado a completar, en libre autodeterminación, la unidad y la libertad de Alemania».

Aunque ese objetivo se logró hace 35 años, sigue vigente el artículo 146, que establece que «esta Ley Fundamental, que tras la consecución de la unidad y la libertad de Alemania, es válida para todo el pueblo alemán, perderá su vigencia el día en que entre en vigor una Constitución aprobada libremente por el pueblo alemán». Sin embargo, ningún partido o movimiento ha visto la necesidad de iniciar un debate sobre una Constitución y de someterla a referéndum.

Berlín evita la cuestión, porque tendría que hablar sobre los valores que caracterizaban a la antigua RFA. Su artículo primero establece, por ejemplo, que «la dignidad del ser humano es intocable». Y el artículo 25 determina que las reglas generales del derecho internacional forman automáticamente parte del derecho nacional.

Partiendo de esta base, un grupo de abogados alemanes ha denunciado ante el fiscal general federal a más de una docena de altos cargos políticos por su complicidad en el genocidio israelí en Gaza. Entre los denunciados se encuentran el actual canciller, el demócrata cristiano Friedrich Merz (CDU), y su ministro de Exteriores, Johann Wadephul (CDU), además de sus predecesores en esos cargos, el socialdemócrata Olaf Scholz (SPD) y la ecologista Annalena Baerbock, ahora presidenta de la Asamblea General de la ONU.

POLONIA COMO POSIBLE OBJETIVO

El hecho de que el Gobierno de Merz y el anterior Ejecutivo hayan obviado el derecho internacional da alas a los sectores ultras de la neofascista AfD.

Hasta 1990, la RFA enseñaba en sus libros de Geografía e Historia que el Estado polaco «administraba» territorios alemanes como Silesia, Pomerania y Prusia del Este. Esta cuestión quedó zanjada con el Tratado 4+2, firmado, por un lado, por EEUU, la URSS, Gran Bretaña y Estado francés, y, por otro, por la RFA y la RDA. En virtud del mismo, los Estados alemanes reconocían los ríos Oder y Neisse como la frontera definitiva de la futura Alemania unida con Polonia.

Que ahora un sector de la AfD abrace las reivindicaciones territoriales del neonazismo de los años 80 también tiene que ver con el hecho de que se haya encontrado una gran reserva de gas en aquella parte del mar Báltico que en otro tiempo fue alemana.

Así que, teniendo en cuenta que la actual «razón de Estado» alemán blinda no solo el genocidio del Ejecutivo israelí sobre el pueblo palestino, sino que también le permite llevar a la práctica su idea de crear un Gran Israel a expensas de los países vecinos, Varsovia no solo ha de temer a Moscú, sino también a Berlín.

Por ahora, la notoria debilidad de las Fuerzas Armadas alemanas (Bundeswehr) impide pensar que un Gobierno ultra en Alemania pudiese seguir el ejemplo israelí y empezar a rediseñar el orden territorial en el Este europeo. Incluso aunque los ultras polacos están echando leña a ese posible fuego reclamando a Berlín un billón de euros en reparaciones por la ocupación nazi de su país (1939-1944).

A pesar de que este escenario parece sacado de una distopía política, no se puede obviar que las últimas encuestas indican que la AfD aumenta a tres puntos su ventaja sobre la CDU como el partido con más simpatías entre el electorado.