Simplemente, las mejores
El amor, o la idea comercial del amor romántico, es uno de los rasgos distintivos de la identidad de la vida moderna. El mercado y el modo de transmitir la importancia de tener una pareja y de identificar el amor, asociándolo al romanticismo, es parte de la cultura capitalista- consumista en la que vivimos. A pesar de que este modo de acercarse a las relaciones sexo-afectivas, desde el amor romántico, no sea nueva, llegó hace tiempo para quedarse. El mercado moldea nuestras expectativas y los relatos hegemónicos nos trasladan los modos de entender y acercarnos al concepto del amor. Como consecuencia de este empeño por dar forma a nuestras expectativas afectivas, se generan demasiadas contradicciones y un sufrimiento excesivo. Los discursos en forma de relato que recibimos acaban afectando nuestra percepción, a nuestros modos de vivir una vida demasiado breve, buscando a perpetuidad esa media naranja de la que nos hablaron o atrapadas en relaciones tóxicas, agotadoras, que funcionan como espacios opresores.
Se suponía que el amor nos haría libres. Sin embargo, poco nos han educado en gestionar las relaciones fuera de la acción educadora de la pantalla grande o los libros. Pocas veces los relatos de mujeres solas, sin pareja, sin interés por tenerla y felices a ratos, son el eje del relato hegemónico. Algunas agradecemos infinitamente la rebeldía de esas mujeres creadoras que se salen de las tendencias del mercado, de lo establecido, del orden.

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