GARA
LA HAYA

El TPI declara culpable de crímenes de guerra en el genocidio de Darfur al exlíder de las milicias «janjaweed»

El exlíder paramilitar Ali Kushayb, ayer en La Haya.
El exlíder paramilitar Ali Kushayb, ayer en La Haya. (AFP)

Ali Muhammad Ali Abd-al-Rahman, “Ali Kushayb”, se convirtió ayer en el primer líder de Sudán en rendir cuentas ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) por su participación en el genocidio que entre 2003 y 2020 causó al menos 300.000 muertos en Darfur. El exresponsable de las milicias janjaweed escuchó sin gesticular la lectura de la primera sentencia del TPI sobre el conflicto que devastó Darfur bajo el régimen de Omar al-Bashir, y que lo halló culpable de crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos entre agosto de 2003 y abril de 2004.

Después de ser puesto bajo custodia del TPI en 2020, tras entregarse voluntariamente en República Centroafricana, adonde huyó tras la caída de Al-Bashir en 2019, cuando era sospechoso de 31 cargos, el exlíder paramilitar fue declarado culpable de 27 cargos de crímenes de guerra cometidos en esta marginada y vasta región del oeste de Sudán. Entreellos figuran orquestar ataques contra civiles, asesinatos, saqueos, destrucción de propiedades, actos inhumanos, acciones contrarias a la dignidad de las personas, violación, traslado forzoso de población, persecución, tortura, tratamiento cruel e intento de secuestro mientras fue líder de las milicias en Uadi Salí.

Aquella campaña dirigida contra las etnias fur, masalit y zaghawa fue efectuada por aire y tierra por las fuerzas gubernamentales y milicias aliadas, que mataron, violaron y desplazaron a la fuerza a más de dos millones de personas.

Al-Bashir y varios de sus responsables enfrentan acusaciones del TPI por presuntos crímenes de lesa humanidad y genocidio, pero solo Kushayb ha sido juzgado hasta ahora por falta de cooperación de las autoridades sudanesas.

Darfur se enfrenta hoy, según la ONU, a una «catástrofe inminente», marcada por una «violencia incesante, abusos sexuales y hambruna», al ser uno de los principales focos de la escalada bélica desatada en 2023 entre el Gobierno sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido.