Cuando palabras y hechos se alejan, la política falla
Pese a no ser la candidata más votada, la jeltzale Itziar Carrocera es la nueva alcaldesa de Santurtzi. Logró seis votos frente a los ocho de la candidata de EH Bildu, Miren Matanzas. Al no recabar nadie la mayoría absoluta de 11 votos, la fuerza más votada en las elecciones de 2023 se hizo con la Alcaldía. En su visión patrimonial del ejercicio político, el PNV respira al retener el cuarto municipio más poblado de Bizkaia, pero la concatenación de escándalos -irregularidades en la OPE de la Policía Local, fin de la comisión de investigación, etc.- han dejado al partido en una situación muy delicada. Su problema es grave y de fondo.
Pero lo que difícilmente podría entender un observador foráneo del pleno de ayer es el proceder del PSE. El portavoz del partido, Juan Andrades, habló de gestión «horrorosa», «nefasta» y «bochornosa» por parte del PNV durante los últimos tres años. Acusó a la alcaldesa dimitida, Karmele Tubilla, de vivir «a espaldas del resto de grupos» y de gestionar el Consistorio «como si fuera un batzoki». Les acusó de «soberbia», de «incumplir» acuerdos y acabó dirigiéndose a la nueva alcaldesa: «No está legitimada ni moral, ni ética, ni políticamente para dirigir y liderar este Ayuntamiento. No cuente con los votos del Partido Socialista. Ustedes no son de fiar».
Si las palabras valen algo, el único proceder lógico que cabía esperar del PSE era que pusiese su parte para que se diese un cambio al frente del Ayuntamiento, algo para lo que hay mayorías holgadas. Sin embargo, fue el voto en blanco del grupo de Andrades lo que permitió al PNV retener la Alcaldía. La retórica encendida y los fuegos artificiales semanales de Eneko Andueza quedan en nada cuando se pasan por el filtro de la realidad. La alianza entre ambas fuerzas poco tiene que ver ya con los proyectos políticos y las visiones de país que puedan compartir. Es un matrimonio de interés basado en el reparto del poder y el bloqueo a la alternancia, un esquema que empobrece la democracia en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y acabará minando -lo está haciendo ya- a ambos partidos. El problema es que por el camino dinamiten toda confianza en la política y las instituciones de esta parte del país.
El hermano de Lamine

«Hau da gure herria, hau da gure selekzioa, hauek dira gure koloreak»

«Konponbide demokratikoa behar du euskal gatazka politikoak»
