LA AFICIÓN ABARROTA LA CIUDAD Y SE SACA LA ESPINA
El fútbol es la más importante de las cosas menos importantes. Este axioma, del que no se conoce con certeza quién lo enunció primero, volvió a quedar demostrado ayer en Donostia. La afición de la Real tenía clavada desde 2021 una espina, la de no poder celebrar el título, y se la quitó abarrotando el trayecto entre Anoeta y el Ayuntamiento.

El deporte en general, y el fútbol en particular, es una poderosa herramienta de cohesión social, que hace que miles de personas aparquen sus diferencias y sus problemas al menos durante unas horas para compartir su felicidad. Quienes defienden que son once tipos en calzoncillos corriendo tras un balón tendrían que haber completado el recorrido a pie por todas esas calles, marchando delante del autobús, viendo los rostros de los niños y niñas con los ojos brillantes, viendo a aitonas y amonas ondeando bufandas, todos sonrientes, contentos, con esa alegría inocente comparable a la de ver los regalos bajo el árbol el día de Navidad.
Era un día diferente en Donostia, que ayer fue más capital de Gipuzkoa que nunca, porque acogió a muchas personas procedentes de otros pueblos para participar en esta fiesta. Desde la mañana, la gente hacía sus compras y sus recados vestida de azul y blanco, y muchos curiosos se acercaban hasta Alderdi Eder para observar los preparativos. No faltaba el clásico turista despistado, en este caso francés, que preguntaba a qué se debía tanta algarabía.
Ya por la tarde, el recorrido era un hervidero desde una hora antes de que comenzara la celebración, prevista para las 18.00. Tres agentes de la Policía municipal en moto, que iban a ser los encargados de abrir el paso a la comitiva, vestían camisetas de la Real y llevaban su vehículo «tuneado» con cintas y banderas.
En la plaza Aita Donostia, una familia mostraba una bandera venezolana y una ikurriña para aplaudir al paso de sus compatriotas Jon Mikel Aramburu y Yangel Herrera. Bultzada desplegó una pancarta con las palabras “Amaiarentzat Justizia”, muy cerca del lugar en el que Amaya Zabarte cayó abatida durante una carga policial de la Ertzaintza por un «objeto desconocido», según la magistrada que ha declarado el archivo del caso.
ENTRE BANDERONES Y HUMO DE BENGALAS
Pasaban pocos minutos de las 18.00 cuando los jugadores se subieron con la Copa al bus descapotable de dos pisos engalanado para la ocasión, entre los banderones de Bultzada y el humo de las bengalas. No solo los de la primera plantilla, también los del Sanse que han participado a lo largo del torneo del KO e incluso Mikel Goti, al que el Córdoba dio permiso para viajar. El vizcaino se fue cedido al club andaluz, pero tuvo un papel protagonista, e incluso goleador, en las primeras eliminatorias. Detrás, en otro vehículo similar, iban miembros de staff técnico y trabajadores del club.
No todo fue disfrute. Que se lo pregunten a los amortiguadores del autobús, que sufrieron su particular ITV al soportar los botes al ritmo de “Goazen Erreala, goazen txapeldun”. Durante el recorrido se vieron escenas curiosas, como los tres chavales subidos a un contenedor que portaban matrículas de coche con el apellido Marrero.
La comitiva tardó más de 20 minutos en llegar a Sancho el Sabio; estaba claro que el cálculo de una hora para llegar al destino era muy optimista. Por la zona de Amara los árboles impedían ver los balcones, pero al llegar al Centro la calle se estrechaba y se veían las fachadas engalanadas. En la calle Urbieta desde un piso alto lanzaron un montón de globos. A las 19.00 el autobús de cabeza enfilaba la Avenida, para luego girar en Okendo y afrontar la recta del Boulevard.
En Alderdi Eder, los jugadores y el cuerpo técnico fueron recibidos mientras bajaban del autobús por una tamborrada infantil que, acompañada por una txaranga, tocó el himno blanquiazul. En la terraza fueron recibidos por las autoridades, encabezadas por el lehendakari Pradales -aficionado del Athletic pero que lució un pañuelo azul al cuello-.
MATARAZZO SE LANZA CON EL EUSKARA
Tras un aurresku en honor a los campeones, a las 19.30 los jugadores salieron al balcón con la Copa, recordando a las icónicas imágenes de la década de los 80, con las dos Ligas y la Copa ganada en Zaragoza también frente al Atlético.
El capitán Mikel Oyarzabal fue el primero en tomar el micrófono para agradecer a Donostia y a Gipuzkoa el apoyo en unas jornadas «muy especiales», en las que se ha podido cumplir el sueño de ganar una final con la afición animando en la grada y celebrándolo en las calles. «Ganar la Copa es muy bonito, pero ver vuestra felicidad no tiene precio», subrayó el eibartarra.
A renglón seguido fue el turno de Matarazzo. El técnico terminó de ganarse el corazón de su parroquia con un discurso leído íntegramente en euskara en el que agradeció a la afición por «haberme hecho sentir qué es la Real desde el primer día», y mostró su confianza en que este no sea sino el principio de algo aún más grande. Con su forma de ser y obviamente sus resultados, el de New Jersey se ha metido en el bolsillo a todo el realismo en menos de cuatro meses.
Uno de los grandes protagonistas de este título, el portero Unai Marrero, recordó a los trabajadores del club «por cómo nos cuidan». El de Azpeitia no pudo resistirse a entonar el cántico con una de las letras más absurdas, más incorrectas gramaticalmente y a la vez más pegadizas de la historia, esa que cuenta que “he comprado ayer, pulpo pa’ cenar, me ha sentado mal, Real Sociedad”.
Seguidamente los jugadores bajaron a la terraza, donde sonaron temas como “We are the champions”, de Queen; “Freed from desire”, de Gala, y por supuesto otra vez el Txuri Urdin, cuya parte central fue cantada a capela, igual que suele suceder en Anoeta.
Aritz Elustondo tiene fama de ser animador de fiestas, y tomó la palabra para ejercer de maestro de ceremonias y presentar a todos los protagonistas siguiendo la numeración, empezando por Remiro, Aramburu, Aihen… Antes tuvo un recuerdo para los otros dos cuerpos técnicos que han tenido parte de culpa en este título, los encabezados por Sergio Francisco y Jon Ansotegi.
El discurso más emotivo fue el de Álvaro Odriozola, que camina con una muleta porque sigue convaleciente de su rotura de cruzado. El donostiarra reiteró que «este título me lo llevo a la tumba», pero invitó a ser ambiciosos al remarcar que la mejor Copa no es ni la de 1909 ni la de 1987 ni la de 2021 ni esta, «el mejor título de Copa es el próximo».
La fiesta en Alderdi Eder se prolongó hasta las 21.00, aunque nadie asegura que la plantilla se fuera a marchar luego a casa. Eso sí, mañana a las 20.00 llega el Getafe, habrá que ver cómo se recupera este grupo tras el duelo del sábado y todas las celebraciones posteriores. Seguro que Bordalás, el técnico de los azulones, se está frotando las manos. Esa será otra historia, pero que tampoco se confíe, porque seguro que Anoeta continúa aportando a los suyos ese plus de energía que tanto se notó en La Cartuja.

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