Jacinto Ochoa, la estancia en prisión más larga (de la dictadura)
La de Jacinto Ochoa es la historia de un preso del franquismo, una más entre miles de historias similares. No obstante, el libro de José Luis Díaz (editado por Ahaztuak) sobre este comunista navarro muestra rasgos de su compromiso militante y de su personalidad abierta a los demás que, al mismo tiempo, le otorgan unas características singulares.

Un total de 26 años y diez meses pasó Jacinto Ochoa en las prisiones de la dictadura. Fue detenido en Iruñea el 19 de julio de 1936 en casa de un dirigente del Frente Popular navarro y salió de la prisión de Burgos el 4 de noviembre de 1964. En medio, participó en la fuga masiva del penal de San Cristóbal, en el monte Ezkaba, y en una segunda, junto a un único compañero, que se saldó de manera satisfactoria en noviembre de 1944. Tras llegar a las tierras occitanas en manos de los republicanos españoles que habían vencido a los nazis, participó en las guerrillas pirenaicas dirigidas por Jesús Monzón, otro comunista navarro, contra el régimen fascista con la esperanza de que los aliados abrieran un nuevo frente en los estertores de la Segunda Guerra Mundial. Pero volvió a ser detenido. De nuevo, se enfrentó a una petición de pena de muerte, aunque la mediación de un hermano cura bien situado consiguió que los jueces militares fueran clementes. Tan clementes que «solo» le impusieron cadena perpetua, 30 años de cárcel.
Esta es, a grandes rasgos, la vida de Jacinto Ochoa, según expusieron el autor del libro y Carlos Otxoa, exconcejal de Iruñea y sobrino del protagonista, en los locales de San Juan Xar, en el barrio de Donibane. Una vida marcada por la prisión y la represión. No en vano, la obra de Díaz se titula «Jacinto Ochoa, la prisión más larga». «Aunque hay que reconocer que se nos ha quedado corto el título, ya que tendría que haber sido `la prisión más larga (de la dictadura)', ya que más de una persona ya ha superado esa marca en la llamada democracia», destacó Carlos Otxoa, quien recordó el libro-entrevista a Arnaldo Otegi publicado por GARA, en el que se definía como «un heterodoxo disciplinado». «Esa definición me recordó a mi tío Jacinto, ya que fue un disciplinado militante comunista. pero también tuvo su aspecto heterodoxo», que le llevó a dejar el PCE y a militar en el PCPE, según rememoró su sobrino. También participó en las Gestoras pro-Amnistía.
Carlos Otxoa destacó la importancia de recuperar historias como las de su tío, que sufrió represión por su compromiso político. «Se les recupera cuando se recupera su ideología, que hoy puede verse en la lucha contra los desahucios, en las manifestaciones o en la defensa de los presos. Porque Jacinto Ochoa fue preso político a pesar de que el franquismo repetía una y otra vez que los presos políticos no existían. Igual que ahora se empeñan en decir que tampoco hay presos políticos», destacó.
Díaz definió a Jacinto Ochoa como «una persona que dedicó toda su vida a luchar contra el franquismo». Desde que llegó de Uxue a Iruñea en 1934, con apenas 17 años, y empezó a militar en la UGT y la JSU hasta que falleció en Iruñea en octubre de 1999. El autor del libro subrayó que, al salir de la prisión, Jacinto Ochoa no pidió nada a pesar de que mantuvo su militancia comunista en la prisión de Burgos. «Otros lo hicieron, él no».
Como muestra de su compromiso, Díaz relató una anécdota en la que, durante un viaje a Madrid para participar en una manifestación de Comisiones Obreras, el sindicato se comprometió a pagar una cena en el viaje de vuelta. Jacinto Ochoa permaneció en el exterior del restaurante comiendo un pedazo de pan con alguna cosa. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, la respuesta fue que «como el sindicato estaba tan mal de dinero, así se ahorra un menú».
«Visto desde los tiempos de ahora, nos sorprende ese grado de compromiso, pero es tan solo un reflejo de la personalidad de Jacinto Ochoa, a quien habría que definir, sobre todo, como un hombre bueno», destacó José Luis Díaz.
Un compromiso con la militancia que se mantiene pese a los 26 años en prisión
Otra anécdota que ilustra el grado del compromiso militante de Jacinto Ochoa que aparece en el libro de José Luis Díaz es cómo actuó nada más salir de la cárcel de Burgos tras permanecer en prisión 26 años y diez meses. Durante su estancia en la prisión castellana comenzó a relacionarse con Josefina, una joven que atendía a los presos. Pese a que nunca hablaron de noviazgo ni de nada similar, entre ambos cuajó una relación especial. Tras dejar la cárcel, Jacinto fue a comer a casa de los padres de Josefina, pero en vez de viajar a Iruñea se fue a Madrid a cumplir un encargo del Partido Comunista, del que ni el autor del libro ni su sobrino tienen más datos. Tras cumplir con sus responsabilidades, regresó a Iruñea y después contactó con Josefina para iniciar oficialmente su relación. Con ella se casó y vivió en la capital navarra hasta que falleció en octubre de 1999. M.D.

El PNV cesa a tres ediles de Getxo imputados por el derribo del palacete

Euskal Estatua helburu, egitekoa eta zuzendaritza eraberritu ditu Sortuk

«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco»

«La única certeza es que el realismo de Trump nos lleva a la destrucción»
