Más sensaciones que puntos y el trabajo de todas las navidades: acertar en los despachos
Osasuna acaba el año confirmando lo que se sabía desde la jornada uno, o si se quiere desde julio: tendrá que sufrir hasta el último partido. Saberlo con tal certeza ya es un avance respecto a equipos como el Betis, que parece descomponerse ante una situación que no preveía. Por lo demás, en lo puramente futbolístico, a falta solo de medirse a los verdiblancos, los rojillos no han parecido peores que ninguno de sus numerosos rivales directos. Este es otro motivo para creer.
Ha repartido resultados de todo tipo con ellos, pero con diferentes lecturas. Dos de quienes le han ganado (Levante y Almería) ha sido con una buena dosis de fortuna. El tercero, el Granada, sí se mostró superior, pero aquello ocurrió en la fase Mendilibar, que parece ya prehistoria por su desbarajuste. En otros cuatro duelos directos Osasuna se ha impuesto: con contundencia a Rayo y Elche, que se revelaron mucho más tiernos; con imaginación a un Valladolid muy previsible; y con suficiencia al Málaga, en un partido casi idéntico al de ayer pero en el que Osasuna sí supo sujetar los tres puntos. El Celta de ayer, por último, también pareció algo inferior.
Las sensaciones han ido mejorando con los meses, sobre todo por las acertadas decisiones del banquillo, pero siguen faltando puntos. En Balaídos se escapó la ocasión final para llegar a 2014 habiendo logrado al menos la media de punto por partido, primer escalón para trepar a los 42 -harán falta menos- en los 38 encuentros ligueros. Osasuna se queda con estos escasos 15 en 17. Faltan victorias, y ya no sirve lamentarse de que tanto el Real Madrid como el Celta se hayan escapado vivos, sino pensar en Espanyol y Betis para remediarlo antes de que acabe la primera vuelta.
Y antes, en navidades, la tarea de casi todos los años: acertar en los despachos. De ahí, de las decisiones a mitad de temporada, salió el ascenso en 2000 con la llegada demoledora de Iván Rosado, luego el plus decisivo de jugadores de calidad (Gancedo, Juanfran, De las Cuevas) o simplemente eficaces (Astudillo, Silva) para las salvaciones. No hace falta una revolución, quizás ni siquiera el jugador de banda al que parece que se aspira, pero sí amarrar un sustituto para Oriol Riera por si el catalán sufre cualquier percance o bajón.
Confirmado que Ariel Núñez, inédito, volverá a Paraguay, no parece que Manu Onwu pudiera resolver esa eventualidad con garantías, ni se prevé que Nino vaya a tener un retorno fácil tras una lesión muy grave y con 33 años a cuestas. Sin palabras pero con gestos en forma de alineaciones y cambios, Javi Gracia ha marcado el trabajo a la directiva tras haber cumplido el suyo con buena nota. De esa decisión, peliaguda cuando deberá hacerse a coste cero, puede depender convertir las sensaciones que sobran en los puntos que faltan.

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