Polanski como dominador de las situaciones cerradas (I)

Sería muy fácil y recurrente decir que Roman Polanski se ha acostumbrado a vivir situaciones cerradas durante su arresto domiciliario, pero no es así, ya que parecía predestinado al encierro, viendo su obra influenciada por la dura infancia en el gueto polaco durante la ocupación nazi. No fue casualidad que su ópera prima de 1962 «Cuchillo en el agua» utilizase el único escenario de un velero y apenas tres personajes para crear una tensión opresiva. La misma tónica siguió en su tercer largometraje de 1966 «Cul-de-sac», rodada en un trozo de costa que se convertía en un aislado islote cuando subía la marea. O en «Che?» de 1972, que transcurría en una casa italiana que parecía sacada del «Teorema» pasoliniano. También en «Le locataire» de 1976, que desarrollaba un relato de Topor sobre una hermética vecindad, vista con ojos surrealitas por el propio cineasta en el papel principal.
Pero es en una etapa más reciente, cuando el cineasta de origen polaco empieza a experimentar con la escenografía teatral, como forma más radical y directa de encerrar a sus personajes. En «La muerte y la doncella» ensayó con el claustrofóbico drama político del chileno Ariel Dorfman, y con la obra de Yasmina Reza «Un Dios salvaje» ha explorado en la vertiente social, aislando al elemento humano para su estudio como si de una cobaya de laboratorio se tratara.
La fórmula alcanza ya su expresión definitiva con «La Venus de las pieles», basada en la obra teatral de David Ives, a su vez inspirada en la novela homónima de Leopold Von Sacher-Masoch. Y no acaba ahí la cosa, porque el atrezzo que toma prestado para la representación es el de un montaje musical en el Theatre Récamier de París sobre «La diligencia» de John Ford, que como es sabido fue una de las tantas adaptaciones del relato clásico de Guy De Maupassant «Bola de sebo», para muchos la quintaesencia del «huis clos».
Es así como Polanski se da el gustazo de dirigir a dos únicos intérpretes, poniendo de manifiesto que es el gran maestro y dominador de las distancias cortas a la hora de dirigir entre cuatro paredes.

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