La Copa de 2006: cuando Perasovic le dio un pequeño «happy end» al trauma baskonista
Velimir Perasovic conquistó la Copa de 1995 como jugador del Taugrés Baskonia. En 2006, ya vestido de traje, repitió el mismo hito con el club gasteiztarra. Era aquel un cuadro traumatizado por el «Herrerazo» y que había cesado a Pedro Martínez. Pero se permitió aquel respiro.

Dice Xabier Añua una verdad casi incontestable, evocando el recuerdo de algún periodista inspirado. «En estos primeros años del Siglo XXI, la final de Copa la han disputado siempre el Baskonia y algún otro». Los títulos de 2002, 2004, 2006 y 2009 así lo atestiguan. Tres de aquellos galardones caerían con Dusko Ivanovic en el banquillo gasteiztarra, salvo el de Madrid 2006. El de Bijelo Polje entrenaba al Barcelona después de haber «envejecido diez años de golpe» tras aquella final de Liga ACB de infausto recuerdo, en el que Alberto Herreros, completando una remontada demencial, ponía punto final a una exitosa carrera profesional clavando el tiro para el que estaba predestinado desde que debutara como jugador: el triple de la victoria.
Aquel trauma duró años en el seno baskonista, hasta que un «dos más uno» de Fernando San Emeterio enviaba a todos aquellos fantasmas al séptimo círculo del infierno. Pero mientras llegaba aquel desquite la vida siguió, y de forma ciertamente exitosa para un Saski Baskonia que tardó dos meses -del triunfo en la Supercopa a la destitución en los «idus de noviembre»- en cambiar a Pedro Martínez por Velimir Perasovic como inquilino de su banquillo.
Croata de alma serbia -al menos en cuanto a escuela de entrenadores se refiere. Léase una vez más «Sueños Robados. El Baloncesto Yugoslavo» de Juanan Hinojo- Velimir Perasovic venía a ser un «Dusko Ivanovic dulcificado», aunque el tiempo ha convertido en un técnico tan duro como el montenegrino, capaz de sobre llevar en soledad -su familia vive en Croacia- gracias a su afición por practicar deporte y tomar café el trajín de un Baskonia que cerraría aquella campaña cediendo en la final de la Liga ACB ante el Unicaja de Sergio Scariolo y cayendo en la Final Four de Praga ante el Maccabi de Anthony Parker, Solomon y Vujcic. Pero antes eliminaría al Panathinaikos en la eliminatoria en aquel inolvidable «Oakazo».
Joventut, Real Madrid y Pamesa Valencia
Pero la Copa fue el momento más alto de aquella temporada con Perasovic. A pesar de perder a Calderón, que puso su destino rumbo a la NBA, aquel Tau Baskonia era un equipazo: Prigioni, Scola, Travis Hansen, Kornel David, Casey Jacobsen, Erdogan, Splitter, Sergi Vidal, un prometedor Roko Leni Ukic, un Pedrag Drobnjak que apenas dio a conocer pinceladas de su talento -y toneles enteros de desidia- y el inefable Jordi Grimau. Dirigidos por el técnico de Split, Joventut, Real Madrid y Pamesa Valencia caerían por orden de aparición escénica.
El palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid parecía el Buesa Arena cuando llegó el debut baskonista. Y más que lo iba a parecer tras el 27-14 del primer parcial frente a la Penya. Una Baby Penya en el que Aíto García Reneses y un semidiós del baskonismo como Elmer Bennett trataban de enseñar a unos imberbes Rudy Fernández -aunque este ya venía de ser el MVP de la final de la Copa de 2004-, Marcelinho Huertas e incluso Pau Ribas -Ricky Rubio, aunque ya había debutado en la ACB, no participaría aún-. Lubos Barton, Mumbrú y Andy Betts poco pudieron ante los 21 tantos de Erdogan, los 18 de Splitter y los 15 tantos y 7 rebotes de Hansen. Un 30-17 en el último parcial cerraba el cruce de cuartos por un claro 92-72.
El Real Madrid, verdugo del Barça en cuartos, sería el rival de semifinales. Un Real Madrid que, entrenado por Bozidar Maljkovic, parecía reservar el talento en jugadores como Louis Bullock e Igor Rakocevic, mientras que Hervelle, Felipe Reyes, Sonko, Gelabale o Venson Hamilton le ponían el músculo y la obra. Poca cosa para los 20 puntos y 9 rebotes de Scola o los 22 tantos de Erdogan. Después de romper el partido a partir del segundo cuarto, el duelo terminaba con 75-87 para los de Perasovic. La hinchada reunida en el Palacio de los Deportes relamía algo parecido a la venganza.
Y en la final, el Pamesa Valencia, que daba el campanazo mayor al tumbar al Unicaja de Garbajosa. Pero los taronja saltaban a la cancha acogotados, mientras que Prigioni, MVP de aquella final con 3 puntos, 4 rebotes ¡6 robos! y ¡¡15 asistencias!!, explotaba el pick'n roll con Scola, Erdogan firmaba sus mejores partidos con la camiseta baskonista y Jacobsen y Hansen lucían el Mormon Power para irse 8-29. El 80-85 final resultaría de la pygna taronja con el heleno Dikoudis liderando una remontada imposible y los gasteiztarras luchando contra sí mismos. Perasovic supo llevar a los suyos a la victoria.
«Es evidente que hemos empezado de manera inmejorable y hemos podido aguantar la renta», declararía Perasovic tras el 80-85 favorable al final. «Hemos revivido los fantasmas del pasado», reconocería Sergi Vidal, pero gracias a la «fuerza mental» aducida por el técnico, y una «afición de diez» que dijera Vidal, esta vez hubo un happy end.
Doellman, Lishchuk y hanga estarán recuperados para el cruce de mañana
La historia es historia, pero lo que importa es el presente. Valencia Basket y Laboral Kutxa Baskonia llegan recuperando efectivos a su cruce de mañana a partir de las 19.10.
Así, Velimir Perasovic recupera al ala-pívot Justin Doellman, ausente en el último partido por un problema muscular, y al pívot ucraniano Lishchuk, que debutará en este 2014. Por parte baskonista, Adam Hanga, que se perdía el último partido por una contusión muscular, también estará listo.
Como suele ser habitual, Perasovic echaba balones fuera en vez de tomar ningún favoritismo. «Nos enfrentamos a un equipo capaz de ganar la Copa y no sería ninguna sorpresa. Además es un equipo que se motiva especialmente para estos partidos». A. G.

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