Dios se fue de Detroit y se llevó el perdón

Un thriller del montón, una película que nadie va a apreciar, un producto prescindible. Son algunas de las cosas que se han dicho de «Setup», que fue directamente editada en DVD en los Estados Unidos y que no podrá recuperar en el mercado doméstico los 20 millones de dólares que costó. Las críticas no le fueron favorables y el público le dió la espalda, con lo que su estreno tardío en nuestro mercado ha sido un lógico visto y no visto.
Siendo honesto he de decir que la mala publicidad no me condiciona a la hora de salvar tan modesta realización de la quema, por la sencilla razón de que me ha hecho pasar un buen rato, y eso ya puntua al alza si se emite un juicio desde la perspectiva del entretenimiento tal cual. El grado de satisfacción que proporciona resulta similar al de las producciones de serie B de toda la vida, que, sin necesidad de innovar, conseguían exprimir lo que de disfrutable hay en el cine de género.
Por su argumento, «Setup» recuerda a «Ajuste de cuentas», dirigida por el artesanal John Irvin a finales de los 90. Y de la misma década toma prestado el tipo de diálogos que Tarantino hizo famosos en «Pulp Fiction», haciéndolos contrastar en su aparente frivolidad con la violencia de la acción. El estilo visual también pertenece a idéntico período y se incluye el congelado de la imagen a lo Guy Ritchie para presentar los personajes, acompañado del correspondiente rótulo con sus nombres de guerra.
Tampoco entiendo que se diga que las interpretaciones son malas, o que no hay ninguna introspección en la tipología a representar. Bastante tienen con estar de cuerpo presente mientras el guión se lo permite, ya que la mayoría de participantes van desapareciendo a un ritmo de un muerto por cada dos secuencias. Hasta el mismísimo Bruce Willis es obligado a apurar sus frases filosóficas antes de ponerse a tiro.
Únicamente sobreviven a tanta matanza en las calles de Detroit los protagónicos Curtis Jackson y Ray Philippe, habida cuenta del duelo de amistad traicionada que mantienen entre sí. No tienen tiempo para la reflexión, si acaso para buscarle un sentido al perdón.

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