El desarme trampa
No sabemos qué exactamente anunciarán hoy los verificadores internacionales, hasta dónde llegará el posible comunicado de desarme de ETA, pero hay algo seguro: en cuanto se produzca, será etiquetado de «desarme trampa» por quienes siguen a piñón fijo en su discurso sobre «la farsa» del fin de ETA. Algunos ni siquiera han esperado a hoy, y ayer ya adelantaron el argumentario.
(...) tras la tregua trampa llegó el cese definitivo trampa, y ahora toca el desarme trampa. Es fácil adivinar que lo próximo será la disolución trampa, y el día que ETA pida perdón (que lo pedirá, aunque sea a su manera), será por supuesto un perdón trampa.
Estoy de acuerdo en que no vale con que ETA diga que se desarma: hay que verificarlo. Y para eso está esa comisión de verificación, formada por personas con experiencia en la resolución de conflictos, y a la que sin embargo el gobierno viene ninguneando desde el comienzo de sus trabajos. (...)
Pese al inmovilismo del Gobierno, ETA sigue pasito a pasito hacia su desaparición. El ritmo puede desesperarnos, nunca vimos una persiana bajar tan lentamente después de que alguien anuncie que va a cerrar. Pero insisto: pasito a pasito, y ninguno hacia atrás (...).
Eso no significa olvidarse de las víctimas. Claro que no. Para ellas deseamos lo mismo que para todas las víctimas de crímenes: verdad, reparación y justicia. Y las víctimas de ETA han encontrado los tres puntos en el Estado con generosidad (mucho más que otras víctimas que no han tenido nada de eso, incluidas las del terrorismo de Estado). Siempre les parecerá poco, es comprensible, pero la solución no es el disparate jurídico de equiparar el terrorismo de ETA a un genocidio.
Para avanzar definitivamente en el fin de ETA, y sobre todo para hacer habitable el nuevo tiempo de paz, no basta con el desarme de ETA. Hará falta también otro desarme, que por supuesto no es comparable a la entrega de las pistolas, pero que tiene tanta o más importancia simbólica, y es tan necesario como aquel para desatascar la situación: el desarme verbal de quienes siguen viendo trampas por todas partes.

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