Nora en su laberinto
Entre los aciertos de esta revisión del clásico de Ibsen, está el ubicarla en un ambiente reconocible, actual, dentro de una modernidad tirando a cool, en la que la propia Nora es una compradora compulsiva, y su vida transcurre en un campo de ambiciones consumistas que pretende desdibujar el drama en el que vive. Esta recolocación en el tiempo, implica, por lo tanto, un uso de lenguaje propio, y si en el original estábamos ante una burguesía aposentada, muy jerarquizada, aquí, es una pareja más equilibrada en edad, más aparentemente abierta, pero en donde anida de manera profunda la misma visión del poder, de la función de la mujer, del dinero como motor de las relaciones.
Colocados en esta decisión, toda la propuesta, toda la versión juega con la estructura primigenia de la obra, pero avanzando por dramaturgias más contemporáneas que le dotan de una personalidad más actual y no solamente por lo formal, sino por los matices incorporados a los personajes secundarios, y toda la propuesta estética a lo que influye mucho el espacio escénico, y, sobre todo, su utilización por la dirección, lo que nos lleva en ocasiones a situaciones que han surgido por la lógica de la adaptación, de lo que sucede en escena, por su coherencia interna, pero que nos descolocan o nos despistan o nos llevan a un laberinto a los espectadores que finalmente es la propia Nora, o la actriz que interpreta a Nora, o ese momento en el que se rompen las barreras de la convención teatral, esos diez minutos finales, a mi entender magníficos, en los que se recompone la vasija rota, para sin traicionar a la propuesta de ahora, apoyarse en la original para dotarle de una contundencia definitiva.
A ello contribuye el excelente trabajo de Rebeca Valls que asume, metaboliza, transmite toda la complejidad del personaje, de su evolución y transición, logrando dotarle de credibilidad, frescura, inmediatez, jugando perfectamente esa parte exterior, de apariencias sociales, del todo va bien, qué felicidad me da reventar la tarjeta de crédito comprando regalos, con su drama interior, y después su explosión final, esa huida de la aparente seguridad del hogar, ese portazo que inaugura históricamente el gesto político de una mujer emprendiendo el camino de su propia vida, de su libertad, dejando atrás la familia y el qué dirán. Una visita a este texto muy bien traído a nuestros días.

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