Editorial 2014/4/24
LAJORNADA

Palestina: Unidad y chantaje

Las dos principales facciones políticas de Palestina: Fatah y Hamas, acordaron ayer la formación de un gobierno conjunto de transición (...).

El acuerdo comentado, aunque saludable, no es novedoso. Debe recordarse que pactos similares habían sido alcanzados en 2011 y 2012 por Hamas y Fatah sin que llegaran a materializarse. El denominador común de esos fracasos, además de las sempiternas diferencias entre ambos grupos respecto de asuntos puntuales del ejercicio del poder, es la hostilidad y la actitud beligerante y chantajista de Israel. (...)

No es gratuito que el gobierno de Tel Aviv, con el apoyo de Washington, haya apostado históricamente por la división de ese pueblo: así lo hicieron las autoridades israelíes en décadas pasadas, con los intentos de destruir el liderazgo laico de Fatah dentro de la Organización para la Liberación de Palestina por medios diversos -incluidos los pactos tácitos con grupos fundamentalistas como Hamas- (...).

La postura de Israel (...) revela como una simulación los procesos de negociación y paz impulsados por ese Estado: da la impresión de que Tel Aviv busca con esos procesos perpetuar la confrontación entre palestinos, desmembrar los territorios ocupados ilegalmente por ese gobierno e impedir, por esa vía, la constitución de un Estado nacional palestino.

Las potencias occidentales, con Washington a la cabeza, han desempeñado un papel de primera importancia en el conflicto, toda vez que se han negado a admitir a Hamas como un interlocutor legítimo -con el argumento de que sus integrantes son terroristas-, a pesar de que esa facción ha sido respaldada por la población palestina en Gaza en procesos democráticos impecables y ejemplares.

Es imperativo, en el momento actual, que Estados Unidos y Europa abandonen la hipocresía que ha caracterizado su actitud hacia el conflicto israelí-palestino, y que respalden sin ambages los esfuerzos de unidad que realizan las dirigencias de Hamas y Fatah e impulsen la aplicación de la legalidad internacional. Esto último significa, entre otras cosas, restituir a los palestinos los territorios que les fueron arrebatados por Tel Aviv en 1967, presionar a Israel a que cumpla con el derecho al retorno de los palestinos expulsados desde 1948 -o que pague las indemnizaciones y compensaciones correspondientes- y ayudar, de manera honesta y sin dobles discursos, a la instauración del Estado palestino.