Joseba Vivanco
Análisis | Athletic 2013-14

Ernesto Valverde ¡carajo!

La figura de Ernesto Valverde es una de las claves para entender la gran temporada del Athletic, el hombre que se ha ganado, sin estridencias y con callado trabajo, la admiración de los aficionados. Ha sabido regar, con cordura, la semilla que antes otros sembraron.

No hay nada tan estable como el cambio». La frase es de Bob Dylan, seguramente el músico preferido por Ernesto Valverde. El de Viandar de la Vera llegó hace un año al banquillo del Athletic para sofocar el incendio que el «explosivo binomio», en palabras de Josu Urrutia, había chamuscado la relación entre Marcelo Bielsa y el club rojiblanco. Y fue Valverde quien hizo posible que no hubiera nada tan estable como aquel cambio. No olvidaré la llamada en gruesas letras que un periódico próximo a Ibaigane insertaba en un artículo en esos días de mudanza: «Uno de los principales retos de Valverde será acabar con la aureola generada por Bielsa durante estos dos años». Acabar... decían.

El Athletic lleva a sus espaldas más de cien años de historia, muchas temporadas, muchos partidos, muchos goles, muchas victorias, muchas derrotas... pero el cultivo de la memoria, como diría Cicerón, es tan necesario como el alimento para el cuerpo. Y el sentimiento Athletic, como la memoria, como el cuerpo, necesita ser cultivado. A muchos nos alcanza a recordar aquellos títulos de primeros de los años ochenta, incluso los capotes europeos de Luis Fernández ikurriña en mano. Como nadie arrincona hoy lo que supuso de inversión a futuro de aquella mágica semifinal copera contra el Sevilla y nadie omitirá jamás que una vez vio jugar al Athletic del `Loco' Bielsa. Ernesto Valverde no regresó a Bilbo a hacer olvidar al genio rosarino. Es más, el gasteiztarra ha sabido regar con mimo y sapiencia lo que Marcelo cultivó, para recolectar una primera cosecha de excelente calidad y que todos esperamos no sea la última.

Probablemente llevaba toda la razón quien ha definido al Athletic de Txingurri como un equipo con la esencia de Bielsa... pero más cuerdo. Para Valverde la madurez competitiva de los jugadores es fundamental. Y la base del grupo actual se apuntó a un curso acelerado con Bielsa. Hoy, este Athletic no es el Athletic que perdió aquella triste final de Bucarest. «El éxito es tan reconfortante, tan adictivo, te da tal subidón....». Son palabras de... Ernesto Valverde. ¿Les suena a alguien? «Yo he sido jugador y sé que al deportista le motiva saber que alguien le diga que queremos hacer algo importante y que queremos jugar bien y darnos ese gusto». Sigue siendo el mismo Valverde. «Me importa más la actitud hacia el partido que lo que pueda salir». Es uno de los lemas de cabecera del hoy técnico rojiblanco. «Lo más importante no es si vamos a ganar o perder, sino cómo lo vamos a afrontar y el resultado dependerá de esa actitud». Otra más. «La falta de solidaridad me sienta mal, el anteponer los intereses individuales al colectivo». Y otra.

Ernesto Valverde, el hombre tranquilo, al que le gustan los amaneceres, el mismo que sueña con verse sentado en el porche de una casa, con una palmera enfrente y bañado por el sol sin saber siquiera qué día es, el que fantasea con un inolvidable viaje por el cono sur americano, el que emana serenidad a quienes se dirige sea en el vestuario sea en sala de prensa, al que le gusta la sinceridad, ser claro y directo al hablar, el motivador de grupos, el que se desenvuelve igual a pie de césped que fuera de él. Ernesto Valverde es la mano que ha mecido la cuna de este Athletic, despertado de un mal sueño tras una noche de borrachera. A lo loco se vivía mejor, pero con Valverde también. Ernesto no enamora, no levanta pasiones, no crea Valverdependencia, no deja viudas. El Athletic de Valverde, el de los 70 puntos, los récords y el regreso a la máxima competición continental tiene mucho y poco que ver con aquel de Bielsa, incluso con el del segundo año del `Loco'.

Aquel Athletic caló casi en cada athleticzale, no dejó a nadie indiferente, era asfixiante como el propio Bielsa, ganaba corazones incluso entre los ateos del fútbol, era Bielsa y era el juego que desplegaba su equipo sobre el césped, sus partidos memorables, históricos, imperecederos, una personalidad arrolladora y embriagadora que transmitía a su equipo. Aquel Athletic y lo que transfirió, la manera en la que lo inoculó sobre todo en los más pequeños y jóvenes, garantizó la supervivencia del Athletic por otros cien años más.

El Athletic de Valverde no levanta aquellas pasiones. Aquel éxtasis colectivo, aquella eucaristía rojiblanca. Sobre todo porque Valverde no es Bielsa. Ni Valverde vino a hacer olvidar a Bielsa. El gran Manolo Delgado le dio una vez un consejo a Txingurri: Si el balón viene alto, déjalo botar y si viene muy alto, déjalo botar dos veces. «Cuando las cosas vienen turbias, es mejor esperar», lo traduce el propio Valverde. Eso es lo que hizo cuando cogió las riendas del Athletic hace un año. El balón venía demasiado alto. Valverde lo dejó botar, esperó y encarriló a un equipo necesitado de sosiego -otra cosa es el grado de culpabilidad del vestuario en esa última temporada- y de un conductor que manejara dentro de los límites de velocidad y con rodadas firmes, que conectara con ese nuevo fútbol que había interiorizado. Valverde, un sabio del balompié, una persona inteligente más allá del fútbol, un sabio que ha probado panes de unos cuantos hornos, que sabe lo que se hace y que encima tiene gusto por el buen fútbol. Y si encima es del Athletic...

Con Bielsa rozamos el cielo. Con Valverde vivimos más a lo cuerdo, como bajo ese porche, al sol y frente a una palmera. Como le contaba estos días el periodista argentino Juan Pablo Garzón a nuestro compañero Beñat Zarrabeitia en su blog Marakana Txikia, «a Messi le falta todo lo que tiene Maradona en términos narrativos». El bajo perfil mediático del de Viandar de la Vera no izará banderas en su honor, ni en patios de colegio ni en tertulias rojiblancas de sobremesa, pero su labor de `hormiguita', de Txingurri, es igual de válida.

Hace unos años, su hija le dijo un día, «aita, ¿por qué no te desapuntas del fútbol?». César Luis Menotti dijo una vez, con mucha sorna, que «el fútbol es tan generoso que evitó que Bilardo se dedicara a la medicina». En el caso que nos ocupa, sin ironía alguna, la fotografía ha sido tan generosa que ha permitido que Valverde se dedicara al fútbol. Para bien de este deporte y, sobre todo, para bien del Athletic. Ernesto Valverde ¡carajo!