Ignacio Benedetti
«Perarnau Magazine»
mundial

No gana el mejor, sino el que se adapta

Cuatro equipos. Cuatro maneras distintas de interpretar este juego. Todos con un mismo objetivo: ganar. Pero ninguno con el mismo plan. No hubo lugar para las sorpresas, en esta etapa están las cuatro selecciones de mayor prestigio y mejor juego. Tres campeonas mundiales y una eterna aspirante. Cada una con una hoja de ruta muy diferente, llena de dudas y alguna que otra certeza. Sobrevivirá la más apta, pero también la que se equivoque menos. En esta etapa del mata mata no necesariamente encontraremos al mejor equipo, sino al que mejor sepa reaccionar a las circunstancias. ¿No es ese el objetivo inicial? Puede que sí, pero quien no lo consiga no debe considerarse un fracasado. Un equipo es mucho más que la simple suma de cualidades y voluntades de quienes lo integran. Es también la unión de miedos, dudas, inseguridades, errores y disconformidades.

Todo aquel que ha formado parte de un grupo sabe lo difícil que es la convivencia, justamente porque cada partícula que compone nuestro ser es expuesta y multiplicada en esa coexistencia. El futbolista es un ser humano como cualquiera de nosotros; el éxito colectivo reconforta, pero en muchas ocasiones levanta interrogantes que pesan más que la buena voluntad. Por ello, en esta instancia es tan pesada e importante la tarea del líder, del conductor, del seleccionador. Ese que es la cabeza visible, al que le pagan por tomar las más antipáticas decisiones. Van Gaal gana adeptos por un cambio, pero pocos reparan en la complicidad que el entrenador ha logrado con sus dirigidos, la suficiente como para que el tercer arquero del equipo neerlandés saliera a comerse vivos a los rivales, lleno de confianza, sin darle espacios a los fantasmas, en la etapa más definitoria del fútbol: los tiros penales.

Marcelo Bielsa decía que uno debe querer a quien conduce y que por eso hay que incluir al que no protagoniza y entender que los rebeldes no nos desafían, sino que simplemente están informándonos. «Lo que no podemos permitir es que (los jugadores) dejen de luchar. El desborde, el desorden, lo que pase está admitido. Los choques, los bailes. Lo que no está permitido es que dejen de luchar. Si luchan por el objetivo de todos, merecen estar». Misión cumplida.