Netanyahu se ve vencedor y aspira gobernar su cuarta legislatura
Los primeros sondeos tras el cierre de las urnas en Israel reflejaban un empate entre el Likud del primer ministro, Benjamin Netanyahu, y la Unión Sionista, coalición entre los laboristas de Isaac Herzog y la formación Hatnua de la exministra Tzipi Livni. Pero Netanyahu se apresuró a proclamar su victoria y comenzó los contactos para formar gobierno. La Lista Árabe consiguió un relevante peso en el Parlamento al situarse como tercera fuerza.V

Nada más conocerse los primeros sondeos a pie de urna de las elecciones legislativas israelíes, el líder del partido Likud y primer ministro saliente, Benjamin Netanyahu, mantuvo los primeros contactos con el líder del partido ultraortodoxo Hogar Judío, Naftali Bennett, para negociar la formación de un gobierno de coalición, en la que también participarían los ultraortodoxos de Shas y Judaísmo Unido de la Torá y el derechista Kulanu.
Los sondeos pronosticaban un empate a 27 escaños entre el Likud y la coalición Unión Sionista, aunque algunos otorgaban un escaño más al Likud. Netanyahu se apresuró a asegurar que su partido ha obtenido una «gran victoria» «contra todo pronóstico». La Knesset (Parlamento) cuenta con un total de 120 escaños, por los que haría falta el apoyo de 61 diputados para formar gobierno.
Hogar Judío fue el gran perdedor de los comicios al haber obtenido únicamente entre 8 y 9 escaños, según los principales sondeos.
Y la Lista Árabe Común -que por primera vez ha reunido a cuatro formaciones- consigue un peso relevante en el Parlamento al convertirse en la tercera fuerza política en Israel, con un resultado entre 12 y 13 escaños. En cuarta posición se situaba el partido laico Yesh Atid, del exministro de Finanzas Yair Lapid, con entre 11 y 12 diputados.
La Unión Sionista de los laboristas de Isaac Herzog y Hatnua, de la exministra Tzipi Livni, aunque evitó grandes celebraciones, advirtió de que «es demasiado pronto» para realizar cualquier conjetura sobre los resultados y que «todo está abierto hasta los resultados finales».
Kulanu, partido clave
Los contactos para formar gobierno comenzaron inmediatamente y tanto Netanyahu como Herzog comenzaron a cortejar al líder del Shas, Aryeh Deri, así como a Moshe Kahlon, líder de Kulanu (escisión del Likud), que con diez escaños según las encuestas, será clave en la formación del nuevo gobierno.
Kahlon se negó a revelar sus próximos pasos y solo dijo que «recomendaré a cualquier candidato que opte por una vía social». Solo unas horas antes de que cerraran las urnas, Netanyahu aseguró que «de ninguna manera habrá un gobierno de unidad nacional» con la Unión Sionista. Fue una comparecencia polémica, cuya difusión fue prohibida por la Comisión Electoral, y que mostró el nerviosismo del primer ministro hasta el último momento por una anunciada derrota, siempre apelando a un Israel «en peligro».
Al igual que el mensaje en Facebook de Netanyahu en el que, unas horas antes del fin de la votación, exhortó a sus seguidores a acudir a las urnas para contrarrestar el creciente voto de la minoría árabe y que la izquierda tachó de racista.
«Los votantes árabes están acudiendo en masa a las urnas. Organizaciones de izquierdas los están transportando», alertó en su polémico mensaje. También el ministro israelí de Exteriores y dirigente del partido ultra Israel Beitenu, Avigdor Lieberman, había pedido a los israelíes que «voten a cualquier partido sionista», entre los que incluyó desde la izquierda de Meretz hasta la ultraderecha, porque «lo fundamental es preservar el carácter sionista y judío del Estado de Israel».
También los palestinos daban por seguro que Netanyahu encabezaría de nuevo el Gobierno, según el negociador Saeb Erekat que confirmó su objetivo de acudir al tribunal de La Haya a denunciar las agresiones israelíes y de intensificar su ofensiva diplomática. Por su parte, Hamas afirmó que «no tiene demasiado en cuenta los resultados de las elecciones israelíes porque no ve diferencia entre la derecha y la izquierda. Ambos compiten por lograr judaizar más Jerusalén, incrementar los asentamientos, mantener la ocupación militar, atacar a nuestro pueblo y cometer crímenes contra nosotros».

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