
«La España de 1978 no es la de 2015». Con esta obviedad se ha lanzado Pedro Sánchez a detallar la reforma constitucional que propone el PSOE como base de su programa para las elecciones del 20 de diciembre. La modificación de la Carta Magna española, que no es un «proceso constituyente», descartado tajantemente, es la gran apuesta de Sánchez. Se basa en cinco puntos aunque, en la práctica, la mayor parte del tiempo ha estado dedicada a reivindicar un Estado federal y atacar los movimientos políticos de la mayoría independentista catalana, a quien ha ubicado «fuera del sistema democrático». Como receta, nada nuevo. «Poner al día el Estado autonómico» y reformarlo en clave federal. Una respuesta adecuada a la interpretación que realiza Sánchez de que los soberanistas «no son mayoría» en el Principat y que su formación viene trabajando desde la «declaración de Granada», firmada por sus barones en 2013 y que defiende la «unidad de España» y la vía federalista.
Sánchez, que apenas lleva un año al frente del PSOE, ha reivindicado esta salida como «respuesta política» para «renovar el pacto constituticonal». Los últimos acontecimientos no han modificado el análisis político ni la oferta de Ferraz: niega que los independentistas sean mayoría, aboga por el «acomodo» de las comunidades autónomas al Estado (planteando indistintamente los términos de «comunidad autónoma, región o nacionalidad») e insiste en el federalismo. Lo que no explica es cómo realizar este cambio, más allá de apuntar a países como Alemania, Austria o EEUU como modelo.
Ya en términos ideológicos, ha vaticinado que «ganaremos a los secesionistas con los votos y la política» y ha descalificado el proyecto soberanista, tildándolo de «injustificado» y vinculándolo al «sentimentalismo». «Los sentimientos han de respetarse, pero hay que apelar a la razón», ha argumentado. «Ni Catalunya ni el conjunto de España están en un callejón sin salida», ha considerado, apelando al «consenso» para una reforma constitucional más amplia que, en realidad, tiene pocos visos de salir adelante, ya que el presidente español, Mariano Rajoy, ya ha descartado incluir esta opción dentro del programa del PP.
Al margen de las reivinicaciones independentistas, Sánchez aprovecha la modificación de la Carta Magna española para reforzar su perfil «pactista» y tratar de dotarse de una imagen más preocupada por los derechos sociales. En este ámbito, una propuesta concreta: otorgar un «ingreso mínimo vital» para aquellas personas que carezcan de ingresos. Además, el secretario general del PSOE quiere limpiar la imagen de su partido por la modificación del artículo 135 pactada con el PP en 2010, durante el último año de la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero en Moncloa. En este punto, sin embargo, tampoco hay novedades. Sánchez apuesta por incluir un «contrapeso» que garantice los derechos sociales frente a la máxima de priorizar la deuda que se impuso hace cinco años. No explica cómo armonizar dos principios que, en teoría, son completamente opuestos.
Tras el acto solemne, Sánchez tendrá oportunidad próximamente para discutir su propuesta con Rajoy, que tiene previsto citarle a él y a Albert Rivera para mantener posición común sobre Catalunya.

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