Ramón SOLA

Sánchez cierra filas con un 78 que cojea tras el esperpento borbónico

Una de las columnas principales del Régimen del 78 se ha desplomado y los diversos poderes estatales corren a sujetar el edificio. Pedro Sánchez se afana en ello mientras dice no saber ni donde está Juan Carlos de Borbón. A rey muerto, rey puesto, dice el refranero español.

Varios medios han trazado el recorrido exacto que habría hecho el domingo Juan Carlos de Borbón para alejarse de los procesos judiciales que lo cercan en Europa (Sanxenxo-Oporto-República Dominicana), pero el presidente español dice no saber siquiera dónde está. Aunque hasta Televisión Española ha situado a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, como artífice de la marcha, Pedro Sánchez también se encoge de hombros sobre esto. En rueda de prensa ayer en Moncloa aseguró además no saber si contará con servicio de seguridad, si el Estado sigue financiando sus gastos, si hay intención de retirarle la condición de emérito... Por no saber, no sabe ni si le parece bien o mal que se haya ido, como le requirió un periodista.

Lo que sí sabe Sánchez es que uno de los pilares, si no el principal, del Régimen del 78 se ha caído con estrépito, así que corrió a sostener todo el edificio que amenaza ruina. En una declaración apoyada en una nota para no dejar pie a patinazos verbales, quiso remarcar dos ideas: que no se cuestiona el «pacto constitucional» y que en este asunto no se juzga a la monarquía sino a «una persona de la Casa Real». En tan poca cosa ha quedado al antes tan aclamado Juan Carlos I, a base de corruptelas y otros escándalos.

Calvo, en el ojo del huracán

Aunque su habilidad para no responder a preguntas es proverbial, está por ver que Sánchez no vaya a terminar escaldado en este asunto. La evidencia de que quizás no el Gobierno pero sí Moncloa ha contribuido a la marcha, posiblemente incluso escribiendo todo el guión, es clara. De hecho, la propia Calvo lo enseñó hace unos días al afirmar que a la monarquía le tocaba «tomar sus decisiones» y al Ejecutivo reforzar la «figura constitucional del rey». Eso es exactamente lo que ocurrió el lunes. Se hizo una vez concluida la gira autonómica del actual monarca e iniciado el mes vacacional por excelencia; se asegura que estas dos cosas eran parte del pacto Moncloa-Zarzuela.

Sánchez al menos dio ayer la cara, lo que no han hecho Felipe de Borbón ni lógicamente menos aún su padre. Y tampoco Calvo, a quien EH Bildu y ERC reclaman que comparezca en el Congreso para «explicar el papel del Gobierno en la huida del rey emérito, así como para dar cuenta de las negociaciones mantenidas con la Casa Real, teniendo en cuenta las acusaciones de delitos de corrupción, evasión fiscal y blanqueo de capitales que pesan sobre él».

El socio de gobierno del PSOE, Unidas Podemos, afirma que no ha sido informado de todo esto, aunque deja abierta la duda de si no lo ha sabido o no lo ha querido saber. El vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, se ha pronunciado con contundencia, pero solo por redes sociales. En la entrevista a GARA hace ahora un mes se mostró prudente ante la monarquía.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, indicó ayer que el Gobierno no trató el tema (algo que parece lógico), pero añadió que Unidas Podemos respeta lo que el PSOE pueda haber hecho desde Moncloa, por su cuenta. A partir de ahí, UP pone el foco en Felipe VI, no en Sánchez: «El hecho de que la propia institución avale la decisión del rey emérito de huir de España pone a la monarquía en un situación muy delicada frente a los ojos de la mayoría de los españoles, que hoy se preguntan para qué sirve esa decisión» y, «sobre todo, para qué sirve la propia monarquía», dijo Montero.

El panorama judicial

El próximo capítulo tendrá que escribirse en el ámbito judicial. El único punto de la comparecencia en que Pedro Sánchez pareció taxativo fue cuando destacó que Juan Carlos de Borbón se ha declarado «a disposición de la Justicia».

En un gesto de desvergüenza añadida muy borbónico, se ha filtrado que el emérito dice a sus íntimos que «igual vuelvo en setiembre». Es cuando se esperan decisiones de la Fiscalía sobre delitos contra la Hacienda o blanqueo de capitales por los 65 millones de euros saudíes.

Sánchez parece convencido de que Juan Carlos volverá si es citado... o seguro de que simplemente no va a ser citado, algo en lo que puede incidir el presidente del Gobierno por el sistema de dependencia jerárquica de la Fiscalía (tal consideración ya se le escapó en una entrevista radiofónica). En el fondo, poner tierra de por medio es un modo de presionar a los tribunales.

Por medio hay otros factores menos previsibles. Por ejemplo la comparecencia el 8 de setiembre como imputada ante la Audiencia Nacional de Corinna Larsen, que en algunos momentos ha parecido dispuesta a tirar de la cuerda de todo este escándalo. Ayer se decidió que no tenga que viajar a Madrid, sino que declare desde Londres por videoconferencia; más cómodo para la aristócrata y más controlable para el Estado.

 

Protestas plurales hoy en Euskal Herria y marejada en Catalunya

En el conjunto del Estado las cosas parecen bastante tranquilas para la monarquía: estas cosas se hacen en agosto o nada más declararse un estado de alarma, como ocurrió con el anterior paso en que Felipe de Borbón escenificó una ruptura con su padre. Más movimiento político se aprecia en Euskal Herria y Catalunya, como traslucen las movilizaciones convocadas para este miércoles en las capitales vascas o la llamada del president Torra a una posición común en un pleno parlamentario extraordinario.

Así, EH Bildu y fuerzas que lo integran, Ezker Anitza-IU, Podemos, Batzarre, ELA, LAB, CCOO en Nafarroa y otros convocan hoy a protestar contra la monarquía en Iruñea, Gasteiz, Donostia y Bilbo.

En Iruñea la cita será ante la Delegación del Gobierno español, en la Plaza de Merindades, a las 19.30. En Bilbo, media hora antes ante el Ayuntamiento. En Donostia, también a las 19.00 en el Boulevard. Y en Gasteiz, al ser día festivo por La Blanca, se convoca a las 13.00 en General Loma. «Gurea, Euskal Errepublika», añade EH Bildu en su llamamiento.

Desde este espacio político, Arnaldo Otegi indicó en entrevista a Bizkaia Irratia que «Franco proclamó rey a Juan Carlos de Borbón. Esa es la mayor corrupción que hay». Y añadió: «Lo más importante para nosotros no es que se vaya. Nosotros somos republicanos. Lo importante es cambiar el Régimen».

En Catalunya también hay movimientos. El president, Quim Torra, demandó la abdicación de Felipe VI, acusó al Gobierno de esta «huida tolerada» y reclamó un pleno urgente del Parlament para fijar posición conjunta sobre la monarquía española.

Desde ERC, el líder encarcelado, Oriol Junqueras, señaló en un artículo de prensa que «el Régimen del 78 se basó en dos premisas: la impunidad de la dictadura criminal de Franco y la consolidación de la Restauración borbónica personificada en la figura del emérito. Pero ahora no han podido sostener más la farsa».GARA

 

República Dominicana, un destino de castigo para los vascos

Visto desde Euskal Herria, tiene su miga que Juan Carlos de Borbón haya tomado como refugio la República Dominicana (su gobierno no lo confirma), puesto que en las últimas décadas esa península caribeña ha sido utilizada justo para lo contrario contra la disidencia vasca: el castigo.

El episodio más recordado es la reclusión en Santo Domingo, vía deportación, de la delegación de ETA que se había sentado en las negociaciones de Argel con el muy «juancarlista» equipo del Gobierno de Felipe González.

Tras concluir sin resultado las conversaciones, Eugenio Etxebeste «Antton», Belen González Peñalba, Iñaki Arakama y cuatro militantes más pasaron una década en la República Dominicana en condiciones muy crudas de aislamiento, siendo pasto de múltiples intentos de intoxicación y padeciendo un secuestro de dos semanas, asaltos o robos. Cinco años antes ya había sido alejado y encerrado allí Etxebeste, tras lo que se conoció un plan para secuestrarlo y matarlo que finalmente no fue materializado.

Esta deportación se prolongó desde 1989 hasta 1998 en el caso de González Peñalba (fallecida en 2017) y Anjel Iturbe. Obviamente fue fruto de un acuerdo entre gobiernos, como el resto de las deportaciones de vascos. Ahora el rey habría encontrado cobijo dominicano en una iniciativa privada, la residencia de un empresario cubano amigo, pero el tiempo dirá si no ha habido también algún tipo de apaño entre los dos estados.

República Dominicana, Euskal Herria y represión son tres variables que se cruzan también en el caso nunca esclarecido de Jesús Galíndez. El delegado del Gobierno Vasco en el exilio fue secuestrado en Nueva York en 1956 y según todos los indicios trasladado al territorio caribeño para acabar con su vida. Mandaba allí el dictador Rafael Leónidas Trujillo, amigo de Francisco Franco, el mismo que entronizó a Juan Carlos de Borbón: se cierra el círculo.R.S.