
La consejera de Salud de Lakua, Gotzone Sagardui, sorprendió ayer con el anuncio de la apertura de la plaza de Illunbe como punto de vacunación masiva. Las cifras de vacunación diarias que se prevén realizar allí (unas 600) no parecen acompasadas con el tamaño del recinto, pero la consejera lo vende como un «ensayo». Admite, por tanto, que ensaya para hacer justo lo que decía que no iba a hacer.
En la rueda de prensa de hace tres semanas, el día 10, la consejera respondía con un punto de malas formas a un periodista que le preguntó por la posibilidad de puntos de vacunación masiva, como en otros territorios del Estado. «La verdad es que me sorprende que me haga esa pregunta sabiendo cuáles son las previsiones de recepción de vacunas que tenemos. Con nuestra red hemos podido vacunar a 595.000 personas en dos meses de forma ordenada, como lo ha sido en el caso de la vacuna de la gripe. En estos momentos, con las cantidades que se están trabajando para repartos semanales unido a la diversidad de colectivos a los que vamos a tener que ir vacunando al mismo tiempo, no se hace necesario establecer espacios de ese tipo. Recuerde además que la vacunación es un acto sanitario y lo tenemos que hacer, siempre que podamos, con las mayores garantías y con seguridad».
Nada de lo que dijo se cumple. Osakidetza no va a acometer en solitario la vacunación, dado que ya se han activado las clínicas privadas de Mutualia. Y, finalmente, sí que se han habilitado puntos de vacunación masiva y hasta «vacunautos», donde no hace falta bajar del coche para el pinchazo.
Según todos los expertos consultados ayer por este periódico, puntos como el del Illunbe (pero más modestos) son apropiados para la fase actual, dado que no resulta operativo distribuir tan pocas vacunas entre los más de 270 consultorios de la CAV. Máxime, cuando hay vacunas con necesidades de ultracongelación. Es más efectivo, por tanto, citar en un número reducido de localizaciones.
Los «vacunautos», por otro lado, ofrecen un buen titular, pero tienen un punto de astracanada. No es prudente vacunar a quien está conduciendo si puede tener reacción. Y tampoco es sensato que acudan en el mismo vehículo al punto de vacunación personas que pertenecen a distintas unidades familiares, por mucho que compartan profesión. El «vacunauto» pudo servir para inmunizar a ancianos con ayuda de familiares, pero para vacunar a colectivos de trabajadores tiene lagunas.
Lo llamativo de Illunbe es la escala. La previsión es pinchar a 600 personas al día en un emplazamiento con capacidad para 11.000 personas. Obviamente, esas 600 personas serían vacunadas a lo largo de toda la jornada, no todas a la vez.
Podría argumentarse que, cuando el suministro de vacunas deje de ser un problema, la experiencia de Illunbe tendrá su valor. Pero esto se cae por su propio peso tal como lo explicó Sagardui el 10 de febrero. Cuando haya vacunas suficientes, sí que es operativo utilizar todos los centros de salud como se hizo con la gripe. Y es lo que finalmente se hará. Por tanto, lo de Illunbe de hoy es publicidad.
Lo más ventajoso, los consultorios
«Cuando vemos a los americanos yendo a vacunarse a un estadio, nos olvidamos de que es gente que no tiene seguro médico y no está registrada en ninguna parte», explica el coronavirólogo e inmunólogo David Escors. Él se manifiesta rotundo a la hora de definir el consultorio de siempre como el lugar idóneo para descargar el peso de las vacunaciones.
El primer motivo es, precisamente, que no solo se trata de vacunar, sino que hay que registrar cada vacuna en el historial del paciente, no solo para poder citarlo a una segunda dosis, también para que conste en el caso de que le haga falta esa vacuna para poder viajar. Vacunar es, por tanto, un acto administrativo. «¿Estamos seguros de que los que se vacunan en EEUU recibirán la segunda dosis el día en que les toque?», se pregunta Escors.
La segunda idea es el conocimiento del paciente en caso de reacción. En su consultorio tienen su historial e incluso es probable que le atienda su médico de cabecera o el personal de enfermería que le conoce. En un centro de vacunación masivo el control nunca será el mismo.
Existe un tercer motivo de peso para vacunar en el consistorio, como es el hecho de que cada uno de estos centros controle quién acude y quién no. De este modo, se puede hacer desde Atención Primaria un control y una búsqueda proactiva de las personas renuentes que eleve el porcentaje de inmunizados.
El empleo, por tanto, de puntos de vacunación creados ex profeso para la campaña tiene sentido en fases muy tempranas, como la actual, donde el condicionante es la escasez de vacunas. Lógicamente, como se ponen pocas vacunas, un macropunto de vacunación resulta absurdo. Para una fase con vacunas abundantes, lo más ventajoso son los consultorios.

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